La realidad artificial

La bandera falsa

Los ataques de falsa bandera son tácticas añejas habituales de propaganda, normalmente focalizadas hacia el plano emocional, con el fin   de manipular, condicionar y moldear la opinión pública para justificar decisiones y maniobras, previamente autorizadas y dispuestas, de un índole muy polémico que en condiciones normales, es decir, de tranquilidad y sosiego, serían rechazadas por la mayoría de la sociedad. Una aplicación más de la teoría del shock en la cual se atenta contra las emociones de los ciudadanos para que tomen, o den su beneplácito a,  decisiones en base a su estado de ánimo y no a su raciocinio.

Esta falsa bandera en concreto se fabrica  gracias a un teatro bien organizado que solo requiere de unos poco medios elementales, de la voluntad de unos actores bien comprometidos, o pagados,  con la causa, de unos cuantos vehículos ya sean propios o robados, de un explosivo básico, componente de fácil acceso en estos tiempos, para recrear el atentado en sí y, por supuesto, de múltiples dispositivos de grabación para inmortalizar el espectáculo y vendérselo al mejor (im)postor.

Ahora hagan un juego de memoria y recreen en su cabeza todos esos ataques, ya sean atentados con cadáveres verdaderos, hostilidades de todo tipo de condición, o simple verborrea dialéctica, que hayan  provocado consecuencias de un calado significativo y que a la larga hayan beneficiado a la supuesta víctima, y quizás, sólo quizás, empiecen  a entender que la realidad es más voluble y engañosa de lo que parece.