El ciclo perpetuo de la deuda

Grecia y el euro

Grecia se asemeja bastante a las personas afectadas por esa enfermedad tan estigmatizada y al mismo tiempo tan destructora como lo es la ludopatía; quienes atosigados por las deudas de juego y los micro-créditos endemoniados, recurren al endeudamiento ad infinitum como único medio legal de supervivencia diario, accediendo así al ciclo perverso de la deuda de cual es muy complicado escapar.

Las alternativas más factible son, por un lado, negarse a pagar esta deuda perniciosa o parte de ella, lo que supone oponerse a la reglas del juego, convertirse en un proscrito y por ende, quedarse fuera de las condiciones ventajosas y de la protección que ofrece la pertenencia a la comunidad para buscarse la vida en solitario, o por el contrario, negociar y dialogar para conseguir un acuerdo beneficioso y realista para los dos partes, o por lo menos una reestructuración parcial de la cuantía endeudada.

Los Griegos se decantaron por la segunda opción, aupando como Primer Ministro a Alexis Tsipras y a Yanis Varoufakis como Ministro de Finanzas, cuya cruzada conjunta contra la maléfica triada de la Trioka europea, conformada por el BCE (Banco Central Europeo), el FMI (Fondo Monetario Internacional) y la CE (Comisión Europea), se frustró a causa de la alta traición del señor Tsipras a todo el pueblo griego que depositó su confianza en él, incluso por segunda vez cuando se reafirmaron en votar por el NO en el Referéndum Griego en el 2015, para así embaucar a una nación entera, la precursora de la democracia, a una larga época de sumisión, vergüenza y dolor.

Siete años después del primer rescate, Grecia sigue estando en la ruina, atada de pies y manos, por la ridículas y totalmente politizadas políticas de austeridad, dónde la mayoría del dinero prestado ha vuelto a los acreedores, y el restante a las empresas próximas al establishment, pero incluso en peor situación que antes, ya que el monto total de su debe es mayor que antaño. Con el tercer paro más alto de Europa, justo por detrás de Bulgaria y Rumanía, Grecia hace cierta esa frase genial de Albert Einstein que postula que “la locura es hacer una y otra vez lo mismo y esperar que el resultados sea distinto“.