Zygmunt Bauman y la modernidad líquida

El Fílósofo y Sociólogo Zygmunt Bauman

Hemos olvidado el amor, la amistad, los sentimientos, el trabajo bien hecho. Lo que se consume, lo que se compra son solo sedantes morales que tranquilizan tus escrúpulos éticos.

Zygmunt Bauman  

Zygmunt Bauman -filósofo y sociólogo-, fallecido el 9 de Enero de 2017, ha sido posiblemente el pensador que mejor ha entendido y expuesto la problemática de la sociedad actual respecto a sus referentes morales, al  sistema socio-económico vigente que la sustenta, a la transformación digital de las relaciones social o incluso a la pérdida de los valores tradicionales así como de la propia identidad tanto individual como colectiva.

Polaco de nacimiento, fue deportado fuera de su país natal debido a una purga política en los años 1957 llevada a cabo por el gobierno comunista de la República Popular de Polonia. Obligado a renunciar a su nacionalidad para poder entrar en el Reino Unido, donde residió hasta su muerte en Leeds, Inglaterra. Lugar en el cual se graduó y ejerció como profesor en Sociología en la universidad de Leeds, hasta convertirse en uno de los mayores sociólogos teóricos del mundo occidental. Una eminencia  en campos tan diversos como  la cultura del consumismo, el modernismo o el impacto de la tecnología sobre los modelos y hábitos de la relaciones sociales.

La solidez de los  pilares fundamentales de la moral y la ética, siendo la compasión, la perseverancia y la benevolencia la triada fundamental responsable tanto de evitar la desaparición de la humanidad como de promover su progreso, ha alcanzado su punto de fusión. Ese  punto  en el cual el  estado de rigidez se torna líquido, sin forma fija, extremamente voluble al entorno.

He aquí mi modesto homenaje a este gran pensador:

La modernidad líquida

Dali y su presentación del tiempo relativo

Aquella modernidad en la que ya nada es sólido. Ni la familia, ni la nación, ni el empleo. Nuestros acuerdos son temporales y pasajeros.

La sociedad del capitalismo neoliberal, súmmum de la liberalización y de la privatización, aumenta  los sentimientos de incertidumbre tanto del momento actual como del futuro. El individuo ya no observa el devenir con optimismo, la percepción de un tiempo venidero deficiente para las nuevas generaciones le incapacita para crear una riqueza social, para formar relaciones estables con sus conciudadanos en pos del bienestar de su comunidad, para echar raíces profundas con la mirada puesta en su linaje; simplemente vive abnegado solamente en su supervivencia.

El ser humano regresa al nomadismo dentro de su propia existencia, en parte debido al mundo globalizado. Transita a través de sus vivencias como un mero turista, cambiando constantemente de hogar, de entorno social, de cónyuge, de trabajo o incluso de valores; todo en su realidad resulta transitorio y volátil. No es capaz de genera nada duradero, nada sólido. Una alteración constante de su identidad social como adaptación a un entorno cambiante.

El objetivo ya no es conseguir una sociedad mejor, pues mejorarla es una esperanza vana a todos los efectos, sino mejorar la propia posición individual dentro de esa sociedad tan esencial y definitivamente incorregible.

La corriente sociológica moderna incentiva a los individuos a focalizar  sus esfuerzos en su interés individual en detrimento del bienestar colectivo, ocasionando una corrosión tanto de los valores tradicionales como del propio concepto de ciudadanía. La era del “compromiso mutuo” desaparece para dejar paso a la nueva época del “beneficio personal”. El placer inmediato y la gratificación personal como anillo al dedo para la sociedad de consumo. Aquella sociedad  que no tenga claro sus principios fundamentales, carente de valores morales y éticos sólidos, está condenada  a la perdición.

La cultura de lo inmediato

La prisa mata

Todo es más fácil en la vida virtual, pero hemos perdido el arte de las relaciones sociales y la amistad.

La cultura de lo inmediato se acelera de forma proporcional  al desarrollo de la tecnología. Se están perdiendo los métodos de aprendizaje personales necesarios para aprender a relacionarse con las demás personas, con la comunidad. El arduo proceso natural, prolongado en el tiempo, por el cual se cincelan las relaciones de confianza mutua entre individuos está desapareciendo debido a las relaciones superfluas, inmediatas y temporales de las redes sociales. Esa familiaridad e intimidad adquirida entre iguales es el pegamento que sostiene los vínculos duraderos entre familiares, amigos o incluso agentes de negocio, que compacta una sociedad en una identidad colectiva, donde prima la autenticidad, la veracidad  y la claridad.

En este mundo fugaz y espontáneo, se originan comunidades virtuales en las que las habilidades sociales ya no son necesarias, substituyen a la vida real.  Son espacios sesgados, edificados al gusto del consumidor, donde la asertividad, la crítica y el consenso se diluyen dentro de la corriente idiosincrática de la propia red. Nichos perfectos para encerrarse dentro de la zona de confort de cada uno, sin diálogo constructivo alguno,  un espacio para la  retroalimentación perpetua del eco de nuestra voz.

Las revoluciones populares

Una revuelta popular

El 15-M es emocional, le falta pensamiento.

Tanto el 15-M en España como otros levantamientos populares recientes tales como la Primera Árabe en los países musulmanes han sido movimiento sociales sin pensamiento, sin  soluciones reales de cambio. Son vitales como elemento  de crítica a la hora de exponer al público los problemas reales que azotan a la población, y poderosos al ser capaces de canalizar la frustración, la desesperación y el hartazgo de una sociedad altamente debilitada, siempre y cuando la situación no mejore o no lleguen a estamentos de responsabilidad.

Se podría argumentar que el 15-M fue el precursor  del  nacimiento del partido político español Podemos como contrapoder  a la derecha y al establishment gobernante. Sin embargo, a lo largo de su proceso de ascenso al cielo parlamentario han ido suavizando sus doctrinas más creativas y rupturistas hasta prácticamente no diferenciarse de cualquier otra ideología izquierdista. Su tono enérgico sigue siendo el mismo, pero su ideario ha decaído en la indefinición, justamente lo contrario que precisan.

No se trata de generar radicalismos, sino de proponer medidas necesarias y reales que acarreen una destrucción creativa, modelos disruptivos tanto económicos como sociales, no parches para perpetuar el statu quo. La humanidad no saldrá de su círculo vicioso bajo los mismos axiomas, aun maquillándolos; se ha que romper con lo establecido.

La desaparición de la clase media

Salvemos a la clase media

Ha sido una catástrofe arrastrar la clase media al precariado. El conflicto ya no es entre clases, sino de cada uno con la sociedad.

La clase media que sostiene el estado de bienestar está desapareciendo, la desigual crece a pasos agigantados. El modelo capitalista regulado basado en el patrón oro que se originó tras la Segunda Guerra Mundial fue el mayor benefactor de prosperidad, de crecimiento y de igualdad de la historia contemporánea en el mundo occidental. Ahora que el “laissez-faire” domina la ideología económica  como si fuera el mismísimo Evangelio del Capital, el sustento estatal sobrevive del interés de sus acreedores.

La precarización de la sociedad se está extendiendo como un cáncer en el primer mundo. El ser titulado universitario ya no es sinónimo de un buen empleo o una vida acomodada. Un porcentaje sorprendentemente elevado de jóvenes licenciados tienen empleos por debajo de sus cualificaciones, o simplemente están en el paro; son los nuevos trabajadores pobres. Se pensaba que la educación masificada iba a traer igualdad de oportunidades, sin embargo, solo ha acrecentado  la frustración de los sueños y de las expectativas de las nuevas generaciones. Esta masa de individuos empobrecidos  no tiene una identidad de clase, de estrato social. No se ven como un colectivo, su lucha es individual contra una sociedad injusta, contra un ideal perverso; una batalla perdida de antemano.

La ideología del trabajo esclavo

El trabajo precario

El viejo límite sagrado entre el horario laboral y el tiempo personal ha desaparecido. Estamos permanentemente disponibles, siempre en el puesto de trabajo.

La precariedad laboral está engendrando nuevos modelos ideológicos para persuadir y confundir a la población. Agravada por el desarrollo tecnológico, un gran número de trabajos son tornan de naturaleza temporal o directamente innecesarios.  La nueva doctrina del “háztelo tú mismo” junto con la acuñada economía “colaborativa” están desmembrando el estado de bienestar. Se supone que el avance tecnológico acortaría las horas de trabajo  y democratizaría la riqueza, no obstante, los representantes electos de turno no están a la altura de las circunstancias, son demasiado afines al influjo del estbalishment y a su visión cortoplacista.

La propaganda mundial que impulsa la ideología tramposa del emprendimiento es sumamente tóxica e interesada. Las instituciones -públicas y privadas- incapaces de crear nuevas oportunidades de empleo trasladan de forma descarada esa responsabilidad y esa enorme carga a los ciudadanos de a pie, sin recursos, con el objetivo de establecer nuevos nichos de mercado para préstamos bancarios y públicos inclusive, ingresos en forma de impuestos fijos vía cuota de autónomos o del IRPF de los sueldos precarios. El trabajo digno se ha licuado, sus parámetros ya no son fijos ni estables, se entremezcla con la vida privada. Estamos permanentemente conectados y disponibles, sin saber qué pasará al día siguiente. La existencia misma se ha vuelto líquida, no hay lugar para planificar, solo para un devenir incierto y precario.