El germen del Big Bang

La gran explosión del Big Bang

La Naturaleza tiene perfecciones para mostrar que es la imagen de Dios; y defectos para indicar que es tan sólo su imagen.

Blaise Pascal

El Big Bang no es un concepto novedoso de índole científica, sino de hace miles y miles de años atrás. Cada nuevo descubrimiento científico, ya sea gracias a la especialidad de la física cuántica, al estudio de los astros o a la novedosa rama de la genética aproxima la línea  de estudio de la Ciencia a la de la Filosofía Antigua, hasta hacerlas converger en una sola certeza.

La primera enseña la realidad desde un punto de vista físico, utilizando el plano puramente material del ser humano, es decir, por un lado,  lo que es capaz de percibir a través de sus cinco sentidos tanto a partir de sus órganos sensoriales como de los instrumentos de medición y estudio que ha construido para tal fin; y por otro, desde los mecanismos limitados de su psique para generar pensamientos, ideas y razonar en base a ellas. La segunda exige un esfuerzo de preprocesado previo; el del cumplimiento de unos prerrequisitos que no todo el mundo está dispuesto a tolerar pues contradicen y deshacen los principios que sustentan su castillo de naipes ortodoxo. Se trata de la aceptación de un axioma filosófico universal, siendo éste el reconocimiento de  que el mundo físico aparente es simplemente eso, una apariencia, una simulación, una ilusión y por lo tanto, el individuo humano es incapaz, solamente desde su comprensión sensorial y cognitiva, de entender la realidad tal como es.

La sabiduría arcaica, bien entendida por quien conoce las claves de su cifrado, aclara que existen diversos estratos de realidad impenetrables tanto al entendimiento como a la captación sensorial humana, además de  exponer multitud de conocimiento e información suplementaria que completa los agujeros negros de la ciencia moderna. Uno de los problemas de la humanidad actual es la presuntuosa y ridícula convicción de que los antiguos eran adoradores de mitos e iletrados en las artes científicas.

El nacimiento de una nueva Fe Ciega

La Fe ciega las mentes

Una vez defenestrada la autoridad divina de la dogmática religión católica  en los quehaceres diarios de  la población mundial y rebajada su influencia espiritual y moral en los estratos más elevados de poder, una nueva doctrina global se ha apoderado de la mentes de los ciudadanos de a pie, la cual  apacigua la necesidad de trascendencia espiritual hacía el más allá. La Ilustración unió a Dios (antropomórfico o no) con la Naturaleza, con los sentidos y con la mente, e hizo de la Ciencia la nueva Religión Ciega.

Toda corriente dogmática necesita de un credo fiel en el cual sustentarse y ampararse como mecanismo tanto de defensa como ofensivo. Los ateos, como nuevos zealots serviciales, ejecutan las labores de difamación y desprestigio de forma prodigiosa. El materialismo  es la religión de moda y predica que no existe nada en el universo que no tenga que ver con la materia, la cual engloba todo fenómeno observable, empírico y medible dentro del espacio-tiempo, reduciendo  la consciencia a una mera organización de materia en movimiento. Sin embargo, cuanto más se adentran los científicos  en las profundidades de la substancia, más escollos, incoherencias y excepciones se interponen en su comprensión y unificación general entre lo atómico y lo cuántico.

Por supuesto que la ciencia es necesaria e imprescindible, mas limitada  e insuficiente si se mantiene enquistada en los preceptos materialistas clásicos y ortodoxos. Quizás baste con replantearse el concepto mismo de materia, al mismo tiempo que complementarla con principios metafísicos, entendiéndose  éstos como los fundamentos filosóficos antiguos. No es de extrañar que un gran número de científicos notorios que cambiaron la noción de la realidad establecida, tales como Albert Einstein, Max Planck, Louis Pasteur , Blaise pascal, Max Born o Dereck Barton manifestaran que  la ciencia  es simplemente un camino, uno de tantos, hacia una Verdad Superior.

La ciencia es incapaz de resolver los últimos misterios de la naturaleza, porque, en el último análisis, nosotros mismos somos parte de la naturaleza, es decir, somos parte del misterio que intentamos resolver. 

Max Planck, fundador de la teoría cúantica

¿El Big Bang fue un suceso espontáneo o premeditado?

La Filosofía y el debate franco de ideas

¿Es la Ciencia realmente capaz de responder a esta cuestión? Como se ha mencionado anteriormente, tanto la Ciencia moderna como la Filosofía antigua son dos ramas del conocimiento que convergen en su última instancia. El método de aprendizaje de la primera se basa en la observación y experimentación; la segunda se centra en la introspección y la  analogía. Ambas se ponen de acuerdo en el principio de  todas las cosas, una eclosión de materia a partir del vacío, de la nada material o substancial. Ésto ha sido un axioma universal en la Filosofía arcaica desde hace más de 10.000 años y la Ciencia lo ha adoptado oficialmente como la explicación más plausible en el siglo XX. No obstante, lo importante realmente no es centrarse en el cómo, sino en el por qué.

Es decir, si fue algo totalmente causal, puro azar, o, por el contrario, algo premeditado, a raíz de una inteligencia, o conciencia superior con una finalidad en concreto. La corriente científica mantiene que fue debido, al igual que el origen de la vida en la Tierra, a un accidente, a un cúmulo de circunstancias, a una probabilidad ínfima, o milagrosa, simple y llanamente a la suerte; en cambio, la filosofía afirma que se trata de un periodo deliberado cíclico ad infinitum de purificación, de transformación, de renovación. El alcance de la explicación científica se detiene donde empieza el atisbo inteligente ajeno al mundo aparente.

¿Qué fue primero, la electricidad o la consciencia?

La electricidad

Tanto la Ciencia como la Filosofía operan sobre los mismos elementos, sin embargo, se comunican  a través de un lenguaje totalmente distinto. La primera habla de Fuerzas, la segunda de Inteligencias; una de átomos, la otra de gérmenes primordiales; la primera declara que la consciencia es simplemente un conjunto de comunicaciones eléctricas entre las conexiones sinápticas,  la segunda afirma que esa electricidad es su manifestación física en esas mismas áreas sináptica -la relación causa/efecto permutada-, siendo ésta el eslabón misterioso y oculto que une la mente con la materia. Como vemos, ambas, con miles de años de diferencia, entienden que tanto la electricidad como  el magnetismo son esenciales para la vida, para el pensamiento, sin embargo, la Ciencia es incapaz de profundizar más allá de lo tangible físicamente.

¿Es la materia eterna, o tuvo algún comienzo y tendrá algún final?

El Caos en blanco y negro

Los científicos sostienen que la materia se originó en el Big Bang y que a partir de ahí, el universo se ha ido expandiendo desde entonces; no obstante, han observado que esa propagación va desacelerándose poco a poco. No son capaces de determinar qué pasará cuando acabe ese proceso de dilatación continuado. En cambio, el conocimiento antiguo ya predijo esa explosión primordial, al igual que su estabilización, e incluso su desenlace. Predica que se trata de ciclos periódicos compuestos de tres fases, la creación o expansión del universo, su estado de conservación o estabilidad y, por último, su etapa de contracción o destrucción, culminando en un periodo de tranquilidad y reposo continuado hasta reiniciarse  un nuevo Ciclo de la Vida.

En la mayoría de la especulaciones de las civilizaciones antiguas se encuentran conceptos tan modernos como materia homogénea, no organizada, o Caos Ancestral omnipresente. En la actualidad, la Ciencia examina estos conceptos a través modelos matemáticos para lograr entender el comportamiento de sistemas dinámicos complejos que parecen comportarse de forma aleatoria; incluso se ha descubierto una realidad caótica en el mundo subatómico en contraste a la armonía aparente del mundo visible, ocasionando la mayor paradoja y problemática de la física moderna, la  imposibilidad de unificar lo grande con lo pequeño. Los antiguos se han adelantado siempre a nuestros descubrimientos más asombrosos, quizás convendría tenerles más en consideración a la hora de teorizar con más fundamento.