La Gran Estafa del Capital

El capitalismo está hundido. Algo mucho más grande que la crisis está en juego y ese algo es la decadencia del sistema. Fue fantástico cuando empezó a crearse a principios del siglo XV, pero se creó para una situación del mundo, que hoy ha cambiado.

Jose Luis Sampedro

Cierto es que en Occidente, tanto en la Europa clásica como en América del Norte, se ha producido una enorme transformación socio-económica desde los acuerdos económicos decretados al finalizar la Segunda Guerra Mundial en la conferencia monetaria y financiera de las Naciones Unidas, denominados los acuerdos de Bretton Woods. El Oeste civilizado, hasta hace bien poco, ha vivido una época de esplendor sin precedentes, de crecimiento económico prácticamente ininterrumpido.

Las naciones se han inundado de infraestructuras, de carreteras y vías de ferrocarril, de puertos y  aeropuertos en la mayoría de sus ciudades que facilitan la movilidad de sus ciudadanos y potencian el comercio hacía una economía cada vez más globalizada. Los salarios de la clase media se han incrementado considerablemente propiciando un aumento del poder adquisitivo para el consumo de bienes y servicios, viéndose éste doblemente favorecido debido al abaratamiento constante de los precios  de las materias primas y al increíble crecimiento de la tecnología  reduciendo los costes de producción.

El primer mundo se ha beneficiado indudablemente del sistema económico, postulado por Adam Smith, conocido como Capitalismo de libre mercado, hasta tal punto de encomendarse íntegramente a sus leyes como si fueran la Palabra de un dios omnisciente. Lamentablemente, todos conocemos las consecuencias de una devoción exacerbada, el fanatismo, al igual que la ideología, nubla la razón e impulsa al individuo hacia los anhelos más profundos del ser humano.

La Era del dinero sin valor

Los intereses negativos y el dinero

Hasta principios de los años setenta, las potencias occidentales  vivieron el mayor periodo de estabilidad y prosperidad económica registrado en la historia, al igual que disfrutaron de una igualdad inusitada generalizada entre clases sociales debido, primeramente, al cambio fijo basado en la onza de oro entre las distintas monedas nacionales impidiendo maniobras intrusivas interesadas de devaluación monetaria, y asimismo, al crecimiento sostenido amparado por la propia naturaleza del oro, siendo este un recurso natural escaso y valioso.

La ruptura del equilibrio se produjo en 1971 con el fin del patrón oro. Provocada, por un lado, por la sobreexposición del dólar respecto al oro debido a la impresión de Estados Unidos de miles de millones de dólares para financiar la guerra, y por otro, a la voluntad de las naciones europeas, concretamente de Francia y de Gran Bretaña, para canjear sus excedentes monetarios por el metal precioso a causa de su desconfianza respecto al valor real de la moneda de reserva. La respuesta de EEUU, liderada por Richard Nixon, fue contundente. Se negó categóricamente a intercambiar esos excendetes en oro y decidió devaluar su moneda con objetivo de abaratar sus exportaciones, abandonado así el patrón definitivamente. La era del despotismo monetario fiduciario (FIAT) sin respaldo alguno y de los tipos de cambio dinámicos y fluctuantes daba comienzo.

La deuda ad infinitum como modelo de crecimiento

Una vez desvinculada  respecto a un agente tangible, limitado y valioso para la mayoría de los seres humanos, su cualidad inherente de escasez desaparece para convertirse en una moneda de reserva carente de valor intrínseco, dando lugar al comienzo de la Edad dorada de la Deuda. Como se puede observar en el gráfico 1, desde la segunda mitad de la década de los años setenta,  la deuda de Estados Unidos se dispara, desligada de la atadura de la exigüidad del oro, en aras de un nuevo modelo de consumo desenfrenado, el cual necesita de un crecimiento exponencial perpetuo para sobrevivir.

Deuda nacional de Estados Unidos desde 1940
Gráfico 1: Deuda nacional de Estados Unidos desde 1940

A partir de 1980, se instaura tanto en Europa de la mano de Margaret Thatcher, como en Estados Unidos gracias a Ronald Reagan, el Neoliberalismo económico, cuyos axiomas primordiales son:

  1. Desregularización de los mercados
  2. Privatización de los sectores estratégicos del estado
  3. Uso de la emisión de moneda/deuda como medio de crecimiento continuo
  4. Austeridad fiscal o gasto público mínimo
  5. Flexibilización del mercado laboral

Principios que se han instaurado en las bases de las principales universidades y de las más prestigiosas escuelas de finanzas del mundo para así poder adoctrinar a las futuras generaciones de economistas y gobernantes de cuyas mentes dependerán miles de millones de seres humanos junto con el estabilidad del ecosistema  de la Tierra. Una vez liberada de una legislación aburrida y de una regulación restrictiva, la Avaricia vislumbra un futuro grandioso.

 El fin de la Ley Glass-Steagall

La gran depresión

A pesar de la renuncia voluntaria del patrón oro como mecanismo regulador de la inflación, aún seguían vigentes ciertas reformas económicas derivadas de la época de la Gran Depresión como el New Deal, cuya finalidad principal era la de evitar otro crack como el del 1929 que asoló el mundo entero. La enmienda más proteccionista  y de mayor impacto, y por lo tanto el objetivo prioritario para su derogación por parte del  establishment, quizás fuera la denominada Ley Glass-Steagall o Banking Act. Su motivación era triple:

  1. Separación total de la banca de depósitos y la banca de inversión
  2. Creación de un sistema bancario conformado por bancos nacionales, locales y estatales, protegidos por la Ley Sherman antimonopolios.
  3. Los bancos fueron vetados de participar en los Consejos de Administración de cualquier empresa privada

Un declaración de intenciones en toda regla para, por un lado, limitar la influencia de la banca tanto en el sector económico como en el político, y por otro, proteger a la sociedad de una codicia desmedida. Desgraciadamente, bajo el mandato de Bill Clinton en 1999, se cedió a la presión del lobby bancario y se derogó la ley promoviendo así la aparición de los mayores bancos de inversión jamás conocidos, y favoreciendo que el dinero de los ahorradores entrará en el flujo sanguíneo de la especulación. Y la bestia despertó de su letargo  para acabar con su creador.

En el gráfico 2 podemos observar como, a partir de 1999, el crecimiento de la masa monetaria M3 (deuda) respecto a la M0 (reservas monetarias + dinero de los ciudadanos) se dispara exponencialmente. En  la actualidad, el sistema financiero mueve casi diez veces más dinero que la economía real. A partir de  2009, entran en acción las políticas, tanto en EEUU como en la Unión Europea, de expansión cuantitativa provocando que las reservas bancarias M0 crezcan hasta límites inimaginables.

Gráfico 2: Base monetaria y M3 de EEUU
Gráfico 2: Base monetaria y M3 de EEUU

 Demasiado grandes para caer

Demasiado grande para caer

Y por fin se produjo la capitulación total de la sociedad respecto al sector privado, y las democracias se tornaron Plutocracias. A las corporaciones supranacionales se les dio vía libre para ejercer su voluntad. Bajo el pretexto de la globalización y del desarrollo económico a escala mundial, amparada por prácticas económicas expansivas de tipos de interés cercanos al 1%, la avaricia, alimentada por incentivos perversos a corto plazo, engendró burbujas internacionales desatando un crecimiento económico inusual y desmesurado, alentando a la población a endeudarse por encima de sus posibilidades mediante activos tóxicos (las famosas hipotecas ninja) avalados por Fanny May  y Freddy Mac, las tarjetas de crédito ilimitadas estatales. Activos creados para ser titularizados, es decir, divididos  en partes y revendidos a otras entidades.

A la fiesta del dinero fácil se  unieron las aseguradoras para no perderse el festín. El juego de la patata caliente en su máximo esplendor. Las corporaciones se hacían cada vez más poderosas, manejaban cada vez más activos, incluso sobrepasaban los de algunas economías soberanas europeas. Todo iba como la seda hasta que implosionó el mercado de valores en 2008 debido a que la Reserva Federal dio comienzo a una política de subida de intereses desde 2006. Los gobiernos, como no, lejos de tomar medidas valientes, cedieron otra vez al miedo infundado, a las amenazas y a la soberbia de los plutócratas. Estos se autodeclararon demasiado grandes para caer, y se les rescató. El capitalismo clásico sucumbió a la máxima del neoliberalismo: Socializar pérdidas, privatizar ganancias.

 Bienvenidos a Zombiland

La banca zombi quebrada

En lugar de aplicar medidas reales de control y vigilancia sobre las apuestas del gigantesco casino especulador en que se había transformado el mercado de finanzas por parte de las gobiernos,  se decidió que, en vez de regularlo mediante una nueva legislación, era suficiente con buscar unos cuantos directivos demoníacos, convertirlos en cabezas de turco y encarcelarlos para calmar la masas enfurecidas, además de un rescate de 700.000 millones de dólares destinado a la compra de deuda tóxica. Lejos de aliviar el sangrado, las autoridades estatales no se percataron de la dimensión del problema, no se trataba simplemente de un pozo lo suficiente hondo como para poder taparlo, sino más bien de un gigantesco agujero negro.

Los bancos rescatados no cumplieron su parte, en lugar  de facilitar crédito para reactivar la economía, guardaban su excedentes de reservas en los depósitos de los bancos centrales. Éstos, sabedores de que la criatura estaba muerta, decidieron mantenerla en pie artificialmente inundando el sistema bancario mediante tres flexibiliaciones cuantitativas de dinero gratuito,  aumentando así substancialmente la oferta de dinero para convertir estas entidades bancarias en muertos vivientes. Tal es el estado de ruina del sistema económico actual, que los interés se encuentran en tasas negativas  con el propósito de incentivar el movimiento del dinero. Bienvenidos a Zombiland, el paraíso del los mezquinos y codiciosos, donde el dinero prestado que pierdes te lo devuelven sin coste alguno.

 Consecuencias de la estafa

Este sistema económico es una gran estafa, los ciudadanos del mundo somos los que pagamos el coste de la codicia y avaricia de los opulentos. El capitalismo ha muerto, no existe, se trata de una estructura extractiva donde el gran océano financiero se nutre absorbiendo el flujo económico de los diversos ríos de las economías de las distintas naciones para mantenerse a flote. Sus consecuencias son extensas y de gran impacto en la sociedad:

Expolio del dinero público: Provocado por la falta de regulación y la existencia de paraísos fiscales, incluso dentro de Estados Unidos y la propia Unión Europea. Las empresas no pagan sus impuestos de sociedades y los adinerados patriotas lo esconden en las antiguas isla de los piratas. Gestores del dinero público asaltando las arcas del estado sin ningún tipo de pudor.

Economía rentista: El Thatcherianismo de la década de los ochenta y los noventa se ha transmutado en un capitalismo rentista. Se fundamenta principalmente en los derechos privados sobre la propiedad física, financiera e intelectual. Un sistema corrupto en toda regla basado en una mentira: no favorece el libre mercado si no todo lo contrario. Se trata de la perpetuación de la clase oligarca mediante el uso de su capital sin crear ningún valor añadido. La competición por poseer derechos de propiedad privada con los que extraer rentas prevalece sobre las leyes de la economía clásica.

Pobreza y violencia generalizada: en Occidente se vive dentro de una burbuja, e incluso dentro de ella existe la desnutrición infantil y la miseria extrema. El continente africano pasa hambre, en el asiático existe el trabajo esclavo para abaratar los precios del primer mundo, incluso la explotación infantil. Oriente próximo se mata a tiros con las armas que le vende occidente, para que luego le robe sus recursos naturales.

Uberficacion de la economia: Dicen que se basa en los preceptos de la economía colaborativa, pero nada más lejos de la realidad, se trata del capitalismo radical más salvaje. Su misión no es crear bienestar en la sociedad, ni siquiera puestos de trabajo, sino desplazar los monopolios existentes, por ejemplo, el de los taxistas, cuyos precios, quizás excesivos, están regulados, para así imponer el suyo, deshacerse de la competencia y subir su cuotas. Son creadores de trabajo basura, responsables del descenso continuado  de los precios y de la muerte del empleo estable.

Monopolios y oligopolios: Por definición, en el capitalismo no deberían existir,  los precios deberían regularse por la oferta y la demanda y eso, hoy en día no está sucediendo. Se pactan precios, existen megacorporaciones demasiado grandes para caer, y por lo tanto para existir. Éstas chantajean a los gobiernos mediante puestos de trabajo e inversiones para hacer o deshacer a su antojo. Un plutocracia globalizada en su máximo esplendor.

Información asimétrica: Otro factor clave económico. La información de la que dispone la élite y la de cualquier ciudadano normal no es simétrica. Los primeros poseen información sensible para la toma de decisiones antes que ninguno y así poder lucrarse con ello. Fomentando así el enriquecimiento continuado de los poderosos y el empobrecimiento creciente de la población en general, para seguir aumentando la brecha entre clases.