La mercantilización de la Privacidad

la falta de privacidad

Si permitimos que la privacidad de otros sea intervenida, la seguridad de tener libertad ya no existe 

Luis Gabriel Carrillo Navas

El ser humano   se ha vuelto extraordinariamente dependiente de la tecnología. El  mundo líquido, inmediato y volátil requiere de su influencia permanente, una realidad eternamente interconectada. Ejerce de guía espiritual, la luz salvadora del faro entre la obscuridad de la tormenta perfecta. Sin ella, nos sentimos  náufragos en el gran  mar digital del progreso.

Nos creemos dueños de nuestros actos, de nuestras aficiones, de nuestros miedos más profundos o incluso de nuestros silencios, pero nada más lejos de la realidad, el Big Data está al acecho como un dios omnisciente digital eternamente vigilante. La interconexión global ha permitido reducir los tiempos relativos de todo acto cotidiano de la vida, desde la preparación de un viaje de ocio hasta saciar la curiosidad innata del individuo por aprender y formarse. No obstante, todas nuestras acciones quedan almacenadas en  algún registro de la nube digital, listo para ser vendido por un módico precio. El rastro digital se industrializa como un conjunto de datos a fin de formar perfiles de consumo para su mercantilización.

Mercantilización de  la vida privada

La privacidad en el información

En occidente todo se comercializa, ¡incluso el agua! ese recurso natural que da y conserva la vida. Todos y cada uno de los dispositivos digitales interconectados de los que disponemos, como las aplicaciones a las que estamos subscritos, recolectan información en bases de datos centralizadas de nuestros hábitos de consumo y costumbres con el fin último de sacar un rendimiento económico.

La mayoría de las aplicaciones dentro de nuestros smartphones  efectúan un control de seguimiento de la posición GPS por  motivos comerciales. Las grandes tecnológicas como Google o Facebook etiquetan las  ubicaciones  o hacen uso de la cámara del dispositivo para crear hojas de ruta del comportamiento de cada individuo para venderlo al mejor postor, sino ¿de qué vivirían? si no es de la publicidad y de la venta de hábitos de consumo a terceros (una alimentando a la otra).

La tendencia futurible del internet de la cosas colisiona frontalmente con el derecho a la privacidad personal. Ya solamente por el hecho de visitar cualquier página web se almacenan en nuestros dispositivos cookies de terceros de manera que puedan consultar nuestra actividad web y usarla para fines comerciales.

Imaginémonos un mundo distópico en el cual todos los hogares están inundados de sensores conectados a  todo tipo de electrodomésticos inteligentes en línea, donde los televisores recolectan información de los hábitos televisivos específicos para así  ofrecer anuncios personalizados y aumentar su ratio de ventas; donde las neveras con cámaras incorporadas analizan tanto la comida restante como su fecha de caducidad para realizar la compra automáticamente al supermercado de turno; la existencia de robots aspiradores capaces de establecer planos de la viviendas  y venderlos a terceros, o incluso auriculares espía que escuchan los contenidos musicales para fines comerciales. ¿Un futuro espeluznante,  verdad? El ser humano rebajado a  un mero dispensador de dinero.

Control gubernamental

El Big Brother te observa sin descanso

La tecnología no es malévola per se, está subordinada a las mentes que la controlan. El régimen chino  es un claro  ejemplo del uso represivo y controlador de los avances tecnológicos.

En la región de Xinjiang, donde existe una comunidad musulmana muy significativa, las autoridades han decretado la  obligación de instalar en los smartphones de todos su ciudadanos una aplicación de rastreo y monitorización, a riesgo de encarcelamiento, con el fin de <<detectar automáticamente vídeos, imágenes, e-books y documentos electrónicos relacionados con el terrorismo y religiones ilegales>>. Como siempre, la apología gubernamental a la seguridad nacional atenta contra los derechos y libertades fundamentales de los ciudadanos.

El espionaje masivo a los seres humanos no es exclusivo de regímenes autoritarios, ni de novelas  de ciencia ficción. Es una siniestra realidad. Las agencias nacionales de inteligencia, mediante el uso de backdoors en el software de las aplicaciones y gracias a la complicidad de los grandes fabricantes han espiado tanto a sus conciudadanos como a naciones extranjeras, independientemente de sus inclinaciones en política exterior.

Edward Snowden, antiguo consultor  de la NSA, copió y filtro miles de documentos clasificados como alto secreto sobre  el espionaje masivo de esta institución. Estos informes pusieron al descubierto una red gigantesca colaborativa entre decenas de agencias de inteligencia gubernamentales de vigilancia globalizada. Se basaba en la recogida masiva de datos mediante la inserción de spyware en aplicaciones móviles tales como Angry Birds o Google Maps, backdoors en los sistemas operativos Android y iOS (Apple), rupturas del algoritmo de cifrado en las  Blackberry, o incluso la infección de  cientos  de redes informáticas mediante malware a fin de espiar las comunicaciones de texto,  voz y vídeo. El Gran Hermano orwelliano en su máximo esplendor.

Derecho a la privacidad

La privacidad es un derecho fundamental

La privacidad es un derecho inalienable de todo ser humano recogido en el artículo 12 de la Declaración de Universal de Derechos Humanos adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, al igual que el derecho a la presunción de inocencia o la prohibición de la esclavitud:

  • Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.

Además del Artículo 18  en la Constitución Español de 1978 que establece:

  1. Se garantiza el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen.
  2. El domicilio es inviolable. Ninguna entrada o registro podrá hacerse en el sin consentimiento del titular o resolución judicial, salvo en caso de flagrante delito.
  3. Se garantiza el secreto de las comunicaciones y, en especial, de las postales, telegráficas y telefónicas, salvo resolución judicial.
  4. La Ley limitará el uso de la informática para garantizar el honor y la intimidad personal y familiar de los ciudadanos y el pleno ejercicio de sus derechos.

Si ninguno de nosotros estaría dispuesto a permitir dispositivos de vigilancia y supervisión estatal dentro de nuestras viviendas de forma voluntaria “que garanticen nuestra seguridad -si no has hecho nada no tienes nada que esconder”-, ¿por qué esta indolente disposición a que lo hagan de forma encubierta? Si no ejercemos una actitud proactiva respecto a los abusos de poder, una vigilancia constante y  luchamos por  los  derechos fundamentales de todo individuo, ¿quién lo va a hacer por nuestros hijos?