Los 7 principios de la tecnología Blockchain

La Blockchain del BitCoin

Libre no significa gratis.

Richard Stallman

La tecnología disruptiva en general, y el Blockchain en particular, está  destruyéndolo todo, impasible, imparable, impredecible, como la naturaleza misma al deshacerse de los organismos incapaces de adaptarse a un entorno cambiante. Evoluciona de forma más acelerada que  la legislación que la regula, que el sistema económico que la sustenta, que las  conciencias de los poderosos que la contemplan, reticentes e incrédulos, como un nuevo add-on que anexionar a la estructura económica ya establecida, en lugar de adaptar ese mismo sistema, ya anticuado,  al progreso tecnológico. Normal, demasiados intereses están en juego, ni al poder ni al dinero le gustan los cambios ajenos a su control e influencia.

La destrucción creativa no es el Mal, sino todo lo contrario, simplemente emula la esencia de la mismísima evolución natural; la fuerza universal de la vida que destruye lo establecido, lo obsoleto, a fin de crear algo superior, un ente mejorado. Sin embargo, una energía tan disruptiva  necesita de un entorno proclive, que sea adaptativo, heterogéneo, igualitario y dinámico  que se ajuste  a sus circunstancias cambiantes. En caso contrario, sin ningún tipo de duda,   originará los más parecido a un infierno terrenal, precariedad, hambre y miseria por doquier, la vuelta a una nueva Edad Media moderna, el feudalismo tecnológico.

Blockchain: la red distribuida

La red distribuida contra las demás

El concepto blockchain, o cadena de bloques en español, es la tecnología que sustenta el BitCoin, esa criptomoneda que tanto está dando tanto que hablar últimamente. Se concibió para descentralizar la propiedad de los datos de manos de uno pocos a, literalmente, ser compartidos por todos y cada uno de los integrantes de esa misma red. Cada peer (peer-to-peer o red entre iguales) es a la vez consumidor y copropietario de la propia red en sí. Se trata de una base de datos compartida por todos, formada por cadenas de bloques incorruptibles cuya integridad, por un lado, es procesada y comprobada por los mismos miembros de la red y, por otro, garantizada por los bloques predecesores ya resueltos. Sus creadores ansiaban liberar a los procesos tanto económicos como tecnológicos de ciertos efectos nocivos derivados de la tecnología actual y  de agentes indeseados:

  1. Los intermediarios omnipresentes
  2. Propiedad centralizada de los datos
  3. Propiedad centralizada de la tecnología
  4. Falta de privacidad digital
  5. Seguridad comprometida
  6. Incentivos erróneos
  7. Transacciones internacionales lentas
  8. Micropagos no rentables
  9. Susceptible de ser intervenido

Su diseño e implementación se basa en siete principios fundamentales:

Primer Principio: El Valor como incentivo

La criptomoneda BitCoin

La equidad como base de los incentivos para todos los participantes. El Sistema Blockchain se diseño para que todo aquel que trabajara por la comunidad distribuida, en pos de su avance y buena ventura, fuera recompensado por medio de fichas de valor, o en este caso en concreto, BitCoins. Los mineros, aparte de ser copartícipes de la plataforma, generan valor gastando electricidad y tiempo de CPU en comprobar transacciones que serán incorporadas a nuevos bloques, y por lo tanto, son retribuidos conforme a su esfuerzo.

Los incentivos perversos son la principal causa de la hecatombe económica que asola al mundo. La banca financiera exprimió el sistema hasta el límite, y por lo visto, más allá, debido a la política errónea de estímulos para con los altos ejecutivos que, movidos por la avaricia y el cortoplacismo, actuaron ajenos al bien común jugando al casino financiero con exceso de celo, y riesgo. Las grandes tecnológicas ofrecían servicios gratuitos web como gancho para recolectar datos con el fin de ser vendidos a terceros. Los usuarios a merced de las corporaciones. Un abuso de poder  continuado por parte del mundo empresarial para extraer el valor de las personas.

Por el contrario, en el sistema blockchain cada peer actúa al mismo tiempo en beneficio propio y colectivo al ser recompensado con fichas y buena reputación. En base a esto, nuevos modelos de negocio distribuidos en multitud de sectores económicos  pueden florecer para transformar la economía, y por extensión, la sociedad.

Segundo Principio: La Privacidad en entredicho

La privacidad es un derecho fundamental

Los individuos deben de tener el control integral y absoluto sobre sus datos personales. La desconexión total digital debe de ser un derecho, no una utopía. Cada persona ha de ser la única dueña de su identidad digital; qué, cómo, cuándo y dónde quiere compartir con los demás. En principio, el BitCoin se diseño para ser totalmente anónimo, se eliminó la necesidad de conocer la identidad del interlocutor. A cada usuario se le proporciona una clave pública -equivalente al número de cuenta- y una clave privada -para poder operar-. Ninguna de ellas está asociada a ningún dato personal, si éstas se pierden son irrecuperables. No obstante, la estructura Blockchain, como plataforma tecnológica, sí puede adaptarse a las distintas necesidades de privacidad e incorporar información particular a demanda.

La privacidad, como derecho fundamental recogido en el artículo 12 de la Declaración de Universal de Derechos Humanos, está bajo sospecha en la actualidad. Las agencias de inteligencia interceptan las comunicaciones privadas de los ciudadanos, los datos personales son utilizados para fines comerciales, los dispositivos interconectados a la red recopilan cada acción cotidiana para crear perfiles de consumo. Todas y cada una de nuestra decisiones están siendo monitorizadas, parametrizadas y almacenadas. Es necesario encontrar modelos que permitan al mismo tiempo dar información y garantizar la privacidad.

La tecnología Blockchain está diseñada para proteger la información de nuestro Yo virtual. Divulga únicamente los parámetros necesarios solicitados en las diversas transacciones, y permite ser remunerados consecuentemente por todo dato que tenga valor para un tercero. Se trata de pasar del Big Data al Little Shared Data.

Tercer Principio: La Seguridad comprometida

La encriptación con llave pública y privada

La seguridad es una de las máximas primordiales del diseño Blockchain. En él se garantizada tanto la confidencialidad como la autenticidad de todas y cada una de las transacciones; está carente de puntos débiles debido a su arquitectura. La criptografía es inherente a todo intercambio de información entre bloques, no existe la posibilidad de suplantación identidad, excepto en caso de robo de credenciales.

Internet sigue sin ser del todo seguro. Los usuarios estamos constantemente expuestos a amenazas tales como posibles estafas, robos de identidad, programas maliciosos, correo no deseado, pirateo, o incluso ciberacoso. Un porcentaje aún considerable de la población sigue recelosa de propagar sus datos bancarios por la red a la hora de realizar sus compras. Los intermediarios tipo PayPal son necesarios para garantizar esas transacciones y mitigar el riesgo. Si nuestro deseo es eliminarlos del intercambio económico, solo queda asegurar la completa infalibilidad y protección en ambas partes.

Blockchain utiliza el sistema de cifrado asimétrico PKI  en el cual cada par dispone de dos claves distintas, una para encriptar -pública- y otra para desencriptar -privada-. Ni son reemplazables ni renovables, simplemente son únicas. En caso de pérdida u olvido, la información queda custodiada como un cofre del tesoro sin llave. Multitud de servicios, como WhatsApp o Telegram, están agregando cifrado punto a punto en su intercambios de información, conocedores de la creciente inquietud de los consumidores por su seguridad cibernética.

Cuarto Principio: La Integridad del dinero

El proceso de transacción de la Blockchain

La integridad aparece, cifrada, en el conjunto de etapas que forman una transacción en la arquitectura Blockchain. Se suministra de forma distribuida, por todos y cada uno de los usuarios, y no está subordinada a un entidad particular; se trata de un proceso colectivo, democrático entre iguales. La confianza y la honradez están codificadas en el propio núcleo de la cadena de bloques; requiere  de mucho esfuerzo, ya sea de tiempo, de recursos y la propia reputación, el intentar saltarse las reglas.

En el mundo digital compartir o incluso regalar es  un proceso facilísimo, simplemente basta con cortar y pegar un archivo e enviárselo a su destinatario. Se tarda no más de cinco minutos. En cambio, cuando se trata de dinero la cosa se complica de forma exponencial. En Internet no se pueden realizar intercambios monetarios directamente entre pares, como pasa con el dinero en efectivo; se necesita de un intermediario para garantizar la integridad de las operaciones. ¿Por qué? Debido al problema del doble gasto. Cada ficha monetaria, ya sea en euros, dólares o BitCoins, es única y no debe ser copiada -falsificada-. Por lo tanto, en el momento en que esa ficha cambia de dueño, debe de desaparecer del emisor. En caso de varias transacciones consecutivas que aún no hayan sido validadas, la misma unidad de valor puede encontrarse en n sitios al mismo tiempo. Tradicionalmente, Western Union, Citicorp, PayPal o la propia Visa han sido los encargados de velar por la integridad financiera, proceso que genera retrasos y comisiones en cada transacción.

La economía Blockchain utiliza un mecanismo de consenso; cada peer “lucha” por ser el que resuelva el siguiente bloque. El primero que descifre el “acertijo”, gana y además, es premiado. El algoritmo de integridad registra la primera transacción en la que una ficha es traspasada para así rechazar las subsiguientes que la incluyan hasta que se formalice o se registre en forma de bloque. Las cadenas son publicas,  por lo que toda transacción es visible al ojo curioso, no hay nada que  esconder.

Quinto Principio: El Poder distributivo

El poder distribuido de Blockchain

En  el mundo Blockchain no existe la concentración de poder, sino que éste está distribuido por todos los nodos, una fuerza consensuada y democrática. La red no caería ni aunque más de la mitad de los usuarios se unieran para conspirar contra la otra parte; además, siendo todo público, quedarían en evidencia.

El debate mundial sobre si es necesario controlar y regularizar internet sigue estando sobre la mesa. Los estados soberanos  donde las libertades de sus ciudadanos están en entredicho, como China por ejemplo, ven con buenos  ojos la idea de una red a la cual  se le pueda aplicar el filtro más adecuado en cualquier momento.  O incluso en un país democrático del primer mundo que caiga en una espiral de protestas y revueltas sería capaz de apoderarse del control de la información en su beneficio personal. Simplemente el hecho de saberse capaz de poder manipular la red en cualquier instante es un factor que desequilibra la balanza.

Cada participante de la red distribuida tiene una copia entera de la cadena de bloques en sus dispositivos. Esto implica que en caso de que una entidad gubernamental decidiera congelar una cuenta bancaria, o expropiar un bien del tipo que sea a uno de sus ciudadanos, deberá hacerlo en todos los ordenadores al mismo tiempo, ya que se trata de una base de datos compartida por todos. Una tarea casi imposible. Esto nos traslada a la dicotomía recurrente entre seguridad y libertad. Quizás en un mundo más igualitario, más justo, donde la subsistencia estuviese asegurada, la necesidad de seguridad se limitaría  a un vago recuerdo de tiempos pasados.

Sexto Principio: Derechos preservados

El Copyright o los derechos de autor

Los derechos inalienables de cada usuario quedan registrados de manera transparente, legítima y a disposición de todos en la red distribuida.

En Internet, los derechos individuales, tanto los humanos como los de propiedad intelectual, son pisoteados constantemente. La crítica constante, la persecución digital, la difamación e incluso la suplantación de identidad pueden ocasionar graves problemas, tanto mentales como económicos. Los derechos de autor se ven agraviados debido a la reproducción ilegal de contenido privado con ánimo de lucro. Una situación favorecida debido, por un lado, al grado de anonimato que proporciona Internet y, por otro, a la falta de una legislación que se adapte a los nuevos modelos de negocio.

Una vez implementados los derechos de cada ser humano dentro del propio sistema, éste garantiza, automáticamente, su preservación. Los intermediarios verificadores y validadores ya no son necesarios. Las transacciones, mediante reglas automáticas, dan fe y certifican los contratos inteligentes, quienes se definen como códigos especiales que ejecutan un conjunto de instrucciones dentro del sistema. Si un peer intenta crear confusión, engañar o incluso estafar, será localizado, penalizado y su reputación descenderá. El anonimato ya no es un avatar digital desde donde esconderse, la cadena de bloques nos delata.

Séptimo Principio: La Inclusión global

La inclusion global de Blockchain

El último principio, pero no por eso el menos importante, se basa en la eliminación de las distintas barreras de entrada de inclusión, con el fin de que la vasta mayoría de los seres humanos sean incluidos en los procesos económicos. Todo un reto teniendo en cuenta los prerrequisitos tecnológicos necesarios.

Una gran parte de la población mundial sigue estando totalmente excluida de los procesos de la World Wide Web, de la tecnología que, para el mundo occidental, es nada menos que una necesidad básica y casi un derecho fundamental. Sin la posibilidad de acceso al sistema económico y financiero, su progreso, y por tanto el futuro de su generación y la de sus descendientes,  se torna muy oscuro.

La Blockchain está diseñada para funcionar simplemente con los protocolos más elementales de Internet, el TCP/IP, pero también es capaz de actuar sin necesidad de estar conectado a la red, mediante mensajes de móvil. No se necesita nada más.  La inclusión se  caracteriza por considerar lo que sería el mínimo posible tecnológico -un móvil conectado a la red de telefonía-, y a partir de ahí, construir el sistema desde cero.

La destrucción creativa, como ya pasó en la Revolución Industrial, es imparable, no tiene límites. El progreso tecnológico seguirá destruyendo puestos de trabajo  según vaya sofisticándose y haciéndose más complejo. Cierto es que, igualmente, creará otro tantos que requerirán de perfiles muy especializados; sin embargo, la proporción no será simétrica, no estará compensada. Los algoritmos y las máquinas extinguirán prácticamente todo trabajo manual, o carente de procesos creativos. Eso sumado, por un lado, al crecimiento incontrolado de la población mundial y, por otro, al cambio climático, podría desencadenar un futuro próximo lleno de desdicha nada alentador. Depende solamente de los seres humanos decidir qué mundo legar a su descendientes.