La duda: El estímulo del progreso

La duda

Lo importante es no dejar de hacerse preguntas. 

Albert Einstein

En estos tiempos tan insólitos, parece ser la que duda no despierta ninguna simpatía, sino todo lo contrario. Los que se cuestionan lo establecido son considerados traidores del statu quo, ignorantes radicales  catalogados como simples antisistema. La sociedad  ha sucumbido a la desidia intelectual y, aún peor, al pecado capital primigenio; el más severo a partir del cual derivan los seis ulteriores; léase la Soberbia.

Los individuos saturamos a nuestra psique de conocimiento superfluo, gracias a la inmediatez proporcionada por el avance tecnológico, para saciar tanto nuestra curiosidad innata como  para reforzar nuestro ego; dos sentimientos puramente humanos como seres inteligentes y emocionales que somos. Nos  atiborramos de creencias infundadas consideradas como axiomas universales inferidas por esa nueva religión universal denominada Ciencia. Ésta abarca prácticamente cualquier especialidad en la que se pueda utilizar el método científico sobre el espectro substancial que somos capaces de observar.

Se da veracidad mediante la experimentación reproducible y  refutable  a una resultado alcanzado  en un medio acotado a través de un método que, él mismo,  refuta las verdades absolutas. Entonces ¿qué legitimidad tiene la Ciencia para actuar como única registradora de verdades irrefutables? La Sabiduría es la búsqueda activa de la verdad a través de la duda constante hasta llegar a la causa primera, límite que la Ciencia  es incapaz de traspasar.  De ahí el significado de <<solo sé que no sé nada>> de Platón , o el de <<la verdadera sabiduría está en reconocer la propia ignorancia>> de su maestro Sócrates.

El porqué del no por qué

Por qué tan serio

La humanidad está alienada. Lamentablemente, hoy en día nadie se cuestiona nada. Se educa a las generaciones venideras como si fueran microchips recién impresos listos para la carga de su firmware. Cada nuevo individuo es considerado un mero número de serie para el cual un cúmulo de conocimientos han de ser vinculados a través de una planificación centralizada; con el fin de transformarle en un ente lo suficientemente dócil, eficiente para el desempeño de tareas concretas, competitivo respecto a su entorno y, sobre todo, aclimatado a unos hábitos acordes a los estándares de la sociedad moderna, con el fin de ser productivo, o lo que es lo mismo, generar una rentabilidad.

Pensándolo bien, no difiere en exceso del concepto de batería humana de The Matrix. El modelo de educación occidental se reduce a una función basada en convertir unas inputs heterogéneas en meras ouputs lineales homogéneas. Seres físicamente diferentes pero mentalmente idénticos a quienes se les ha arrebatado su singularidad.

La docilidad se consigue gracias a la integración dentro de los protocolos y de la actividad docente de ciertos métodos y procedimientos psicológicos para aprovechar la elasticidad y la moldeabilidad de la mente juvenil y así poder amasarla a voluntad. Se conoce la existencia de ciertos sesgos cognitivos de la psique humana que son explotados con el objetivo de alterar su conducta natural, siendo uno de los más empleados el denominado Principio de Autoridad.

Este fundamento se refiere al atajo que utiliza el cerebro humano para identificar una fuente fiable y confiable de conocimiento y autoridad en circunstancias específicas. Fundamentalmente, el sistema educativo se sustenta en la falacia Magister dixit, consistente en que algo es verdadero solamente porque procede de una fuente  que ha sido certificada por un elemento externo. De esta forma, se acostumbra al estudiante a no cuestionar la jerarquía de la fuente de información, ya sean las enseñanzas del formador, los planes de estudio educativos o incluso los gurús mediáticos expertos en cualquier materia.

Desde su más tierna infancia, se confronta a los alumnos unos con otros por métodos evaluativos punitivos públicos para, por un lado, educarles en las artes de la competencia externa y, por otro,  acostumbrarles a situaciones estresantes. Estas prácticas ciertamente mejoran tanto la eficiencia de los individuos relacionada con productividad, como ese impulso  por rivalizar con el prójimo y destacar individualmente.

Sin embargo, encierran otros efectos secundarios más oscuros, como por ejemplo una carencia pronunciada de empatía, la eclosión de complejos o traumas que puedan derivar en distintos tipos de enfermedades mentales, sentimientos de infelicidad e incomprensión por no querer ser participe de esa fricción constante promovida e institucionalizada, o incluso la poda de potenciales habilidades innatas consideradas como innecesarias en el modelo de sociedad actual. La duda ya no se tolera; solamente lo aparente, lo conveniente, lo corporativo se convierte en axioma universal.

La duda como precursora del renacimiento perpetuo

El porqué del no por qué

La duda, como método inquisitivo,  es la precursora esencial de todo descubrimiento novedoso y revolucionario, de todo progreso transgresor y renovador, de la famosa destruccón creativa  que tanto asusta al establishment y tan necesaria es para la evolución, prosperidad  y bonanza de la humanidad. Ésta tiene que escoltar ininterrumpidamente al hombre en su continuo progreso personal.

La existencia intelectual se tiene que sustentar en un ciclo perpetuo de muertes y nacimientos, de la pérdida de creencias antiguas y hallazgos de verdades nuevas; una resurrección constante de las premisas que forjan la realidad de cada ser humano hasta igualarse con la verdad primigenia. La habilidad de cuestionar y dudar es la razón primordial por la cual la raza humana ha conseguido prosperar hasta la actualidad, entonces ¿por qué ese ansia por sabotearla y coartarla?

Se trata de una facultad privilegiada de la razón, sin la cual la comparación o el juicio carecerían de sentido y de criterio. El conocimiento científico otorgado siempre es imperfecto, pues necesita de un recorrido constante de nuevos descubrimientos que generan nuevas dudas, las cuales guían hacía nuevos hallazgos más complejos de entender y de demostrar. La Ciencia como medio explicativo de la realidad es limitada e imperfecta, aspectos reconocidos por ella misma. Dudemos igualmente de su exactitud; tomémosla como una metodología adicional para interpretar el plano material en el que nos encontramos, y empleemos el sentido común junto con la intuición para seguir dudando y acercarnos más a la Sabiduría.

Conocimiento o Sabiduría

La sabiduría como fin

El ser humano moderno se ha convertido en un organismo intelectualmente pasivo. Se ha acomodado en obtener el conocimiento a través de las cavilaciones y elucubraciones de mentes ajenas, con nula capacidad para discernir qué es lo correcto y qué no lo es; sin voluntad ninguna para cuestionar la veracidad de la realidad oficial. El sistema le nutre de premisas dictaminadas por supuestos eruditos que fijan el límite de lo posible e imposible, para así acotar las distintas posibilidades de  su libre albedrío. La necesidad de ser eficiente para generar una rentabilidad le arrebata la sobriedad y la pausa necesaria para cuestionarse el entorno que le rodea, provocándole una búsqueda de conocimiento inmediato externo, ya procesado y masticado por terceros.

Francis Bacon, gran escritor y filósofo, dijo que <<la satisfacción de la curiosidad es, para algunos hombres, el fin del conocimiento>>; aforismo que representa la realidad actual en la que vivimos. La curiosidad innata del ser humano se ha mercantilizado. La divulgación extrema tanto de conocimientos filosóficos, artísticos, políticos, científicos o de cualquier otra índole se ha vulgarizado con el fin del satisfacer una necesidad mercantil, un nicho de mercado. Se ha transformado en un producto comercial sujeto a las leyes de consumo. Si la demanda natural decrece, se crea artificialmente a través de los grandes difusores de propaganda, los medios de comunicación.

Sin embargo, al igual que los cigarrillos, se sacia la ansiedad solamente durante un breve periodo de tiempo. La sabiduría es mucho más amplia y profunda que el conocimiento. Lo que se sabe está fuera de toda duda porque es una certeza que proviene de adentro, no de un ente externo. Forma parte de nosotros mismos, de nuestro ser verdadero, no se olvida nunca porque forma un Uno con nosotros. Se trata de un ejercicio continuado, sea de la rama que sea,  de búsqueda de la perfección, de la causa primera, de la Belleza, o lo que es lo mismo, de la Verdad. Siendo la Perseverancia, la Paciencia y la Fidelidad a uno mismo los tres pilares que sustentan su templo. Así como dijo un sabio, “El conocimiento reside en la cabezas repletas con pensamientos de otros hombres. La sabiduría en mentes atentas a sí mismas.