Armas de destrucción financiera al servicio del Capitán Codicia

Las armas financieras de la banca

Yo soy la Codicia, engendrada por un ávaro en un viejo bolsón de cuero, y, de cumplirse mis deseos, haría que esta casa y cuantos en ella hay se convirtieran en oro para poder encerrarlos en mi buen cofre. ¡Oh, mi dulce oro! 

Cristopher Marlowe

El aforismo La banca siempre gana es una evidencia universal.  Los casinos, por ejemplo, emplean un algoritmo ganador que se fundamenta en dos variables elementales, interrelacionadas e infinitas: la avaricia del ser humano prolongada en un espacio de tiempo indefinido. Sus numerosos juegos basados en apuestas se benefician de una tasa de retorno ligeramente superior a la del apostante, razón por la cual en un muestreo  lo suficientemente representativo dentro de un periodo prolongado, la casa siempre acaba recibiendo más de lo que cede.

Algo similar sucede en los mercados financieros. Se trata de un gigantesca casa de apuestas en la que los riesgos se van trasladando a través una franja temporal cada vez más lejana de un lado a otro entre distintas entidades, como si del juego de la patata caliente se tratase. El paradigma perfecto del capitalismo salvaje, con la excepción, por supuesto, de que, sabedores de antemano de su posición dominante, el estado acudirá raudo y veloz a su rescate en caso de quiebra. El estado nación como procurador de armas de destrucción financiera al servicio del Capitán Codicia.

Arma I: Incentivos perversos

Los incentivos perversos

Los incentivos, tanto internos como externos, son esenciales en un entorno competitivo. Se trata de generar una motivación extra en pos de conseguir un propósito en concreto, pudiendo éstos ser adscritos tanto a la actividad primaria como a funciones secundarias de mayor riesgo/beneficio de la organización.  Cuando la rentabilidad cortoplacista a titulo personal de estos objetivos complementarios se torna demasiado tentadora, adquieren la máxima prioridad. Este comportamiento excesivo se ha visto reflejado localmente en España con la estafa de las preferentes. Los directores de las sucursales, independientemente de su grado de implicación en la trama, incentivaron a sus subordinados para vender, de forma masiva, opaca y fraudulenta, acciones preferentes a sus clientes, ocasionando una crisis social sin precedentes.

Referente a la crisis financiera del 2008, se observó que los incentivos de un gran mayoría de los  directivos podrían catalogarse perfectamente de perversos y sesgados. Se trata del pago en stock options, un bonus cuya cuantía se calcula en función de los ingresos generados a corto plazo, sin sumarle a la ecuación el beneficio general de la empresa. De hecho, un gran número de ellos obtuvieron millones de dólares mientras sus compañías quebraban. Su única finalidad consistía en hacer todo lo posible a fin de incrementar el precio de las acciones artificialmente, ya que ese mismo indicador era uno de sus requerimientos.

La contabilidad se convirtió en una ingeniería, donde la creatividad y el engaño estaban al orden del día. La “retribución según resultados“ es un arma de doble filo. Si no está correctamente definida y acotada, puede ocasionar una desvirtuación del desempeño. Los brokers inmobiliarios, sujetos a estos incentivos, fueron los precursores del hundimiento de los mercados. Los bancos de inversión emitieron tantas hipotecas tóxicas, así como productos complejos derivados de ellas, sin importarles si eran reembolsables o no, que hicieron estallar por la aires los cimientos de la economía mundial. Don’t feed the greed como consigna de futuro.

Arma II: Demasiado grandes para caer

Demasiado grande para caer

En el momento que un individuo, tanto físico como jurídico, se sabe intocable y prácticamente inmortal, se torna altivo, soberbio y excesivamente atrevido. Los grandes bancos supranacionales son conocedores de su posición dominante como entidades demasiado grandes para caer. La supresión de la americana Ley Glass-Steagal, que disociaba la banca de depósitos de la de inversión, el 12 de noviembre de 1999 como consecuencia de fuertes presiones provenientes del sector financiero, fue el catalizador del empacho de poder y dominio del gran lobby bancario.

Aún más preocupante es cuando los gobiernos interiorizan este estado de supremacia bancaria asumiendo que éstos son organismos demasiado grandes para ser reorganizados financieramente, o lo que es lo mismo, para aplicarles los recursos y procedimientos tradicionales que  imponen, por un lado, a los accionistas a asumir las pérdidas y, por otro, convertir a los acreedores en accionistas. Una conducta cien por cien capitalista. Pero en su lugar, lo que decidieron fue salvar estas organizaciones regalándoles dinero público prácticamente de forma incondicional, saltándose la disciplina de mercado por completo. El axioma neoliberal de socializar las pérdidas y privatizara las ganancias.

En este sentido, debido a su condición privilegiada, se transforman en entes omnipotentes, adulteran el mercado de forma monopolística, además de generar distorsiones en la supuesta equidad de oportunidades a causa de su información privilegiada. El antiguo gobernador del Banco de Inglaterra en el año 2009 expreso:

Si se considera que algunos bancos son demasiado grandes para quebrar, entonces es que son demasiado grandes.

Mervyn King

 

Arma III: Titularización

Un pacto perverso

O como introducir en el mundo financiero el juego de la patata caliente, o la teoría del tonto mayor. Anteriormente a los años noventa, los bancos poseían las hipotecas que ellos mismo suscribían. Se trataba de un método de control de riesgo y de acción preventiva. En caso de que el  prestatario se tornara insolvente, el banco propietario asumiría las consecuencias. Un negocio con beneficios crecientes de forma sostenible, continuada y estable, con un  riesgo acotado. Sin embargo, todo cambió con las titularización de las hipotecas, cuando Capitán Codicia  enajenó al sector con falsas promesas de crecimiento exponencial y peligro reducida.

La titularización ofrecía la posibilidad de dividir el riesgo del impago en pequeñas porciones y diversificarlo por todo el mundo. Simplemente aplicando la estrategia del Divide y Vencerás. Las hipotecas se incluían en paquetes de titularización con ratings heterogéneos (tanto hipotecas de alto como de baja calificación para diseminar su riesgo), y estos eran vendidos como novedosos productos financieros por los bancos de inversión a cualquier particular u organización que quisiera “invertir”. En este tejemaneje de ventas y reventas participaban, en primera estancia, los hipotecados al comprar sus viviendas, los bancos creadores de hipotecas, las entidades financieras empaquetadoras de títulos, las agencias de rating calificadoras “imparciales” y por supuesto, los compradores finales o intermedios, como los fondos de pensiones.

El principio del juego de tonto el último se basa en la idea de que siempre habrá un descuidado al que se le pueda vender en última instancia el producto tóxico, siendo el iluso al que le explota la bomba de relojería. Algo similar sucede en la burbuja actual de la startup, cuyos modelos de negocios son deficitarios y sus estrategias de salida se basan principalmente en la venta al más incauto.

Armas IV: Venta en corto

No existe mayor arquetipo indicativo de la desregularización extrema existente en los mercados financieros como la posibilidad de realizar ataques especulativos empleando la venta en corto. Esta práctica diabólica se basa en la posibilidad de pedir prestadas una gran cantidad de acciones de terceros para venderlas de forma masiva con la intención de decrementar su valor para más adelante recomprarlas y quedarse con el beneficio. Una analogía simple de esta praxis  como método explicativo:

Pedimos prestado a nuestro vecino su cortadora de césped durante una semana ,el cual nos la cede voluntariamente. Al mismo tiempo, hemos comprobado que el mismo modelo está rebajado de 600 euros a 350 euros ya estamos interesados en adquirir una propia. De repente, una transeúnte que pasa por el barrio nos ofrece 450 euros en cash ipso facto por ella. Lógicamente, se la vendemos y compramos el mismo modelos por 300 euros. Se la devolvemos a nuestro vecino a su regreso y nos quedamos con el 150 euros de ganancia.

La  venta en corto es una forma de adulterar y corromper las reglas del mercado. Al fundarse, por ejemplo, una empresa, su valor se fundamenta en un número fijo de acciones. Cuando la oferta es fija, el precio se va ajustando hasta que la demanda se equilibra, pero siendo variable,  ésta puede superar a la demanda y hacer descender su precio, efecto similar producido por una falsificación. Cuanto mayor sea su expansión más allá de su contrapeso, mayor será la caída de su valor al no ser un comportamiento puramente lineal. George Soros es su principal valedor, se hizo inmensamente rico  desplomando la libra esterlina a límites insospechados en el famoso miércoles negro. Cuando el valor de los activos de la población están sujetos a las apuestas de los especuladores, es el momento de reconsiderar el sistema establecido.

Armas V: Hedge funds y derivados

Cita de Warrent Buffet

Los derivados financieros, efectivamente, son armas de destrucción masiva [para la economía]. 

Warren Buffet

Los fondos de cobertura, o Hedge Funds, son un mecanismo de venta en corto a gran escala. Se basan en un cúmulo de fondos privados gigantescos de activos de diversos inversionistas con el fin de obtener una rentabilidad absoluto. Reúnen cantidades astronómicas de capital al mismo tiempo que piden prestado créditos contra esos mismo activos para maximizar sus rentabilidad. A esta práctica se le denomina apalancamiento. Agrandan sus inversiones para aumentar su poder adquisitivo, es decir, cuanto más apalancadas estén sus apuestas, mayor serán sus beneficios (o pérdidas). Estos instrumentos especulativos financieros fueron los precursores del crack financiero de 1929. Los grandes inversionistas de  la época combinaron sus activos para influir e interferir en la oferta y demanda de los mercados de la época, práctica apodada como pooling.

No obstante, lo que realmente los hace tan destructores son los denominados derivados a futuros. Se trata de instrumentos que funcionan como apuestas acerca de algún activo subyacente (acción, mercado,mercancía) sobre si su valor futuro irá hacia abajo o hacia arriba. No son inversiones per se, ya que no adquieren ningún activo, sino meramente envites especulativos sobre lo que le sucederá en un futuro.

La problemática reside en su aspecto intangible o incorpóreo, en el sentido que el montante arriesgado se compone de poco dinero real y mucha deuda bancaria, ocasionando un mercado masivo paralelo  de dinero falso varias veces mayor que la economía real. Los jugadores involucrados tienen el derecho a arriesgar cualquier cantidad que deseen sin ni siquiera poseerla. Es como dos personas arrojando una moneda al aire por un millón de dólares, y el que pierda le debe un millón al otro aunque esa cantidad no exista. El paraíso quimérico de Capitán Codicia, su jardín del Edén.

Armas VI: CDOs y CDSs

La innovación financiera es inagotable, y desgraciadamente, demasiado lucrativa  y productiva en engendrar productos maléficos. Otros tipos de  derivados jugaron un papel fundamental en la crisis del 2008, los famosos  Collateral Debt Obligation (CDOs) y los Credit Defaults Swap (CDSs). Se trata de un binomio indivisible e “infalible” cuya  subsistencia se apoya en la confianza de pago de la contrapartida. Sin embargo, el riesgo es inherente a toda inversión, siendo este axioma tan elemental silenciado por Capitán Codicia.

Los CDOs son productos sintéticos de otros productos derivados de activos tangibles tales como materias primas, petroleo, metales preciosos. Éstos en concreto están asociados al mercados hipotecario. Se trocean las hipotecas en fracciones y se paquetizan junto con otros fragmentos en valores para luego venderlos como deuda garantizada. En caso de impago de los préstamos asociados, son  los emisores los que se comprometen a complementar esos pagos restantes.

Al estar sustentados por hipotecas subprime de alto riesgo, decidieron cubrir sus posiciones  al mismo tiempo que simular un estado de seguridad ficticia para evitar sospechas y preguntas incómodas. “Animaron” a la agencias de tasación a unirse a la fiesta al mismo tiempo que persuadieron a la grandes aseguradores, como AIG, a crear su perfecta contrapartida, los CDSs, sus propias pólizas de seguros contra los impagos.

O lo que es mismo, apostaban contra sus propios clientes al impago de los productos que les acababan de vender. Llegó un momento en que se había asegurado el pago de más dinero del que existía. Todo era maravilloso y perfecto, hasta que la burbuja explotó, los precios del mercado inmobiliario empezaron  a caer, la morosidad se disparó y todas las vergüenzas salieron a la luz. Los fondo de inversión activaron sus obligaciones de deuda y los bancos de inversión reclamaron sus pólizas de seguro. Todo papel mojado, Capitán Codicia estalló de empacho y tuvo que llegar el Infame Estado para salvarlos a todos.

Para todo problema existe su solución, un futuro post abordará los posibles remedios a este mercado enfermo de sí mismo.