El shock como terapia de cambio

La doctrina de neoliberalismo

Solo una crisis -real o percibida- da lugar a un cambio verdadero. Cuando esa crisis tiene lugar, las acciones que se llevan a cabo dependen de las ideas que flotan en el ambiente. Creo que esa ha de ser nuestra función básica: desarrollar alternativas a las políticas existentes, para mantenerlas  vivas y activas hasta que lo políticamente imposible se vuelva políticamente inevitable.  

Milton Friedman

La doctrina  del shock, desde los albores de la humanidad, ha sido, y sigue siendo  la fuerza motriz esculpidora de la historia. Los sucesos perturbadores -naturales o no-  acontecidos a lo largo   de la cronología humana  han dado lugar a cambios significativos que en  cualquier otra circunstancia no hubieran prosperado de forma tan categórica.

El shock,  definido como un estado de profunda depresión nerviosa consciente producido tras experimentar una fuerte impresión o intensa conmoción, ocasiona un trauma temporal en la psique, cuya voluntad se entumece hasta anularse por completo. Los carroñeros del desastre, devotos de las doctrinas neoliberales, acechan   desde lo alto de sus atalayas ávidos de infortunios, anhelando un cadáver que devorar para hacerlo desaparecer y suplantarlo por uno de su agrado.

Golpes de estado

La startup del capitalismo extremo estadounidense precisaba de un escenario favorable en el que ensayar sus doctrinas más rígidas y severas. En consecuencia, se seleccionó una nación cercana, ideológicalmente opuesta próxima al comunismo, para justificar su adquisición por opa hostil. La República de Chile fue la beneficiara de la oferta, y Augusto Pinochet su Director de Operaciones. El país  se convirtió en la prueba piloto del prototipo del neoliberalismo terrorista. Su gobierno democraticamente elegido liderado por el marxista Salvador Allende fue reducido a cenizas  en el Palacio de la Moneda -dónde si no- a golpe de morteros y lluvia de plomo.

Salvador Allende

Yo cumpliré mi mandato. Tendrán que acribillarme a balazos para que deje de actuar… 

Salvador Allende

Dicho y hecho. Un profeta en toda regla para su  desgracia y la de su pueblo. Su sucesor autoproclamado, el  general Pinochet, nada más apoltronarse en el trono, instauró el régimen de Terror institucionalizado. Sus escuadrones de la muerte se distinguían por su notable eficiencia, extraordinaria eficacia y impecable destreza en hacer desaparecer los opositores -reales o presuntos-  del novus ordo y a su entorno. Un vez implantada la dictadura del pavor, las novedosas ideas liberales de sus compinches norteamericanos se introdujeron en el sociedad sin oposición alguna. El tratamiento de choque económico  había sido todo un éxito, el laboratorio neoliberal, activo y funcional, estaba listo para experimentar en pos de un mundo más libre.

Revoluciones (no tan) populares

Naciones de la Primavera Árabe

La metodología de implantación de la doctrina del shock se fundamenta en el concepto de tabula rasa. Es decir, la capacidad de raciocinio y de toma de decisiones de un individuo en estado de conmoción se bloquea temporalmente a causa del trauma  hasta dejarlo en default, ocasionándole una incapacidad transitoria para ejercer una resistencia a un  cambio drástico de su entorno si éste se inocula rápidamente y en bloque en su torrente sensitivo.

Las mediáticas  manifestaciones  del mundo árabe del 2010 al 2013 fueron aplaudidas por el mundo occidental como el paradigma de la sublevación del pueblo contra la tiranía institucionalizada. Sin embargo, no hay más que observar la situación  actual  de la mayoría de esos estados nación  como para cuestionarse su idoneidad.

Como veremos a continuación, el beneficio económico no es su única motivación, la inestabilidad territorial es una máxima en geopolítica:

  1. Túnez: Bautizada como Revolución de los Jazmines, fue la primera en llegar inducida por la crisis económica de 2008. Quizás la única fidedigna y soberana de la Primavera Árabe del pueblo contra la opresión monetaria debido a una situación insostenible de alto desempleo. El ejercito falló a favor de la población y juntos derrocaron al gobierno. Tanto su presente como su futuro inmediato es alentador, gobierno islamista moderado con una constitución formulada y una república en funcionamiento.
  2. Egipto: Sucesora directa del las revueltas tunecinas, la Revolución Blanca fue más intensa que su predecesora. Los rebeldes, después de dieciocho días de protestas violentas, junto con el ejercito, consiguieron la renuncia del  presidente Mubarak. Seis años después, la situación dista de ser reconfortante, poca estabilidad por culpa de las incursiones yihadista,  crisis de derechos humanos, política sin oposición y economía liberalizada al estilo neoliberal, privatizaciones masivas y recortes en lo servicios sociales.

  3. Libia: La primera en mudar en conflicto internacional. Hasta 2011, se le asignaba la esperanza de vida más alta de todo África a prácticamente 78 años de vida, con el mayor PIB nominal per cápita del continente africano, y el segundo puesta en poder adquisitivo. Asimismo, su índice de desarrollo humano estaba entre los más altos de sus vecinos. Sin embargo, Gaddafi, motivado por pretensiones contrarias a sus socios occidentales, de la noche a la mañana fue declarado persona non grata. Grupos opositores armados alentados y financiados por los Hermanos Musulmanes, y apoyados por la OTAN, originaron el caos por todo el país hasta que la  situación se torno incontrolable. Gadaffi, arrinconado, huyó sin fortuna y fue ejecutado. Desde entonces, Libia es una región inestable, sin autonomía con violencia política, una economía totalmente paralizada debido al conflicto hostil por el control de sus pozos petrolíferos entre las empresas extranjeras y los insurgentes yihadistas, reconocido como un estado fallido en toda regla.

  4. Yemen: Los ciudadanos yemeníes se sublevaron en contra del régimen portando cintas rosas como símbolos  pacifistas. Sin embargo, fueron duramente reprimidos por el gobierno. Una vez destituido de su cargo el presidente Saleh, en un intento desesperado por reconquistar su trono, se unió a los rebeldes huzíes inicialmente contrarios a él en la lucha contra el nuevo gobernante ya que  la situación había empeorado drásticamente. Actualmente, el país está sumido en una catástrofe humanitaria sin precedentes, por falta de alimentos y un bloqueo estratégico ejercido por Arabia Saudí, favorable al nuevo poder.

  5. Siria: Todos conocemos el triste desenlace de la Revolución Siria, la crisis humanitaria más cruel de siglo XXI debido a una guerra internacional con más de 300.000 muertos y  5.000.000 de refugiados que dista de haber terminado.

Guerras patrocinadas

Los conflictos bélicos de Irak y Afganistan fueron patrocinados por los lobbies más poderosos de Estados Unidos. Sustentados por la mentira y el engaño, el antiguo incondicional del imperio, Saddam Hussein, fue ejecutado -ahorcado- y su país,  sumido en el caos, expoliado por la poderosa industria del Tio Sam. El shock del  pueblo iraquí lo ocasionó la invasión ilegal y totalmente injustificada de su territorio soberano junto con bombardeos constantes a diestro y siniestro, sacudiendo su voluntad, su juicio y su alma hasta dejarlo complemente noqueado. Y así como funciona el imperialismo actual, se apodera de los recursos naturales ajenos a su antojo. Aniquilar a un país -violentamente o financieramente- para luego reconstruirlo es el nuevo modelo de negocio de la doctrina neoliberal, el capitalismo del desastre en su máximo esplendor.

Por otro lado, se justificó la invasión de Afganistán como una cruzada contra el representante en la tierra del mismísimo demonio, con afición a esconderse en los sitios más oscuros y recónditos del planeta. Y por ello,  se lanzó una ofensiva en 2001 incondicional bombardeando las principales posiciones de resistencia enemigas, para más tarde completar la ocupación por tierra. Una guerra que duró trece años hasta 2014 cuando el presidente norteamericano Obama traspasó plenos poderes al ganador de la elecciones presidenciales.

Gráfico de la producción de opio en Afganistán

Sin embargo, un año más tarde en 2015, una nueva operación conjunta de la OTAN fue ejecutada con el fin  de combatir el avance de los extremistas talibanes y del ISIS, activa hasta la fecha. Curiosamente a partir de 2004 en pleno conflicto armado, Afganistan alcanzó el primer puesto en el mundo como productor de opio en manos estadounidenses, representando alrededor de un 60% de su PIB, a pesar de la quema masiva de los cultivos por parte de los yihadistas en 2001 al estallar la guerra, convirtiéndose así en un narcoestado. La industria  farmacéutica frotándose las manos por un lado, y las lavanderías de dinero echando humo por el otro como beneficiarias directas de la “Operación Libertad Duradera”.

Crisis económicas

La caída de los intereses en porcentajes negativos

No solo la devastación tangible de las sociedades es provechosa y lucrativa mediante el uso indiscriminado de la fuerza bruta; los “ciclos” económicos también son una bendición  para los carroñeros del desastre. Se nos dice que estos periodos duales recurrentes de bonanza-crisis son endémicos a la propia naturaleza del capitalismo, y no les falta razón, sobre todo si están basados en impulsar una burbuja detrás de otra como respuesta a la anterior, y esperar a que explote.

La crisis económica y social como generadora del shock sirve como acicate para impulsar las medidas neoliberales de la austeridad. Aquí en España, se reduce el gasto público privatizando los sectores clave del estado del bienestar como tratamiento de choque. El denominado “proceso de ajuste” en su máximo esplendor, subida de impuestos, salarios más bajos, condiciones laborales más precarias, recorte en ayudas sociales, disposición hacía un modelo  orientado a  la privatización de las pensiones, leyes más autoritarias y, por supuesto, el salvemos todos a la banca.

Catástrofes naturales como forma de saqueo organizado

Un huracán visto desde el espacio

Y, como colofón, la de la Madre Tierra como bonus extra. Detrás de toda tragedia, existen una infinidad de oportunidades para el saqueo indiscriminado. Tras las consecuencias desoladores que dejó tras de sí el huracán Katrina en Nueva Orleans, la industria del desastre se puso manos a la obra. Se aprovechó del profundo estado de conmoción de la población local para instaurar un paquete de medidas “liberales” de forma expeditiva. Los contratos de reconstrucción acabaron en manos de las mismas empresas que en Irak, a pesar del desastre que dejaran ahí.

Se crearon empleos miserables, tanto en remuneración como en condiciones laborales,  millones de dinero público en ayudas acabaron en manos de los contratistas privados, se instauraron las denominadas escuelas “chárter” públicas pero gestionadas por instituciones privadas, se formó un apartheid, exactamente igual que en Irak, entre las zonas de seguridad con infraestructura renovada y las desprotegidas y desprovistas de cualquier tipo de ayuda, ocasionando un campo de batalla entre vecinos. La esfera pública de la zona no estaba siendo reconstruida, sino eliminada. El dinero del la ayuda gubernamental no llegó al sector público, ni a las escuelas, ni a los hospitales, ni las casas para su reconstrucción, ni al transporte público, ni siquiera a  la infraestructura necesaria para proveer agua potable a la población. Tras la tragedia, los pobres aún más pobres y los ricos mucho más ricos.