5 Falacias económicas populares

La verdad y la mentira

La economía como esencia de la vida es una enfermedad mortal, porque un crecimiento infinito no armoniza con un mundo finito.

Erich Fromm

La realidad oficial económica es la mayor fantasía jamás imaginada, un cuento de hadas producido, escrito e interpretado por los profesionales más devotos  del Ministerio de la Verdad contemporáneo. La farsa institucional se fundamenta en la Falicia Magister Dixit o el Principio de Autoridad, consistente en que algo es verdadero solamente por el hecho de proceder de una fuente, aparentemente,  certificada y validada como confiable por terceras partes. Una gran mentira que perpetúa el statu quo entre clases y prolonga la subsistencia de organismos parasitarios estériles.

Una horda de economistas intrascendentes de cualidades cuestionables y pretensiones espurias que retroalimentan la ficción del crecimiento ad infinitum y sus ciclos económico como mal endémico, políticos profesionales duchos en extender su rédito personal y el de sus compinches en lugar del bienestar colectivo a las órdenes del Capitán Codicia y periodistas a saldo de sus patrocinadores y acreedores que moldean la percepción de la sociedad promulgando  las bondades del establishment conforman la nueva ornada de predicadores del Evangelio Neoliberal, esa  doctrina basada en promover actividades improductivas muy lucrativas y apoderarse del esfuerzo ajeno.

El régimen derrocha una cantidad descomunal de recursos en el ámbito académico en formar supuestos expertos en las artes de la economía, de la sociología, incluso de la gestión de empresas como futuros emprendedores con el objetivo de eternizar  un sistema fallido, de alimentar la locura de subsanar las deficiencias estructurales por los mismos mecanismos ortodoxos de siempre y esperar  obtener resultados distintos -<<cambiarlo todo para que nada cambie>>-. En el ámbito tecnológico muchas veces es mejor empezar de cero  que pretender parchear una y otra vez un software defectuoso mal diseñado. En lugar de invertir tiempo y dinero en investigación y desarrollo a fin de descubrir innovaciones disruptivas en el ámbito económico y financiero mejor orientadas al bienestar general y adaptadas al entorno natural, se despilfarra en justificar el orden establecido mantenido de forma artificial.

Los fervientes devotos de este disparate pregonan a favor de sus caciques protectores medias verdades orientadas a apaciguar el ánimo de los crédulos y así respaldar sus políticas continuístas:

Falacia 1: El PIB como factor de bienestar social

Es muy difícil deducir el bienestar de una nación a partir de su renta nacional (per cápita).  

Simon Kuznets

El Producto Interior Bruto (PIB) es la magnitud macroeconómica utilizada como referencia para determinar el crecimiento económico de un país. Expresa únicamente el valor monetario de los productos y servicios finales producidos dentro de una nación -o región- durante un periodo determinado, normalmente un año completo. Su interpretación en el tiempo es usada para diagnosticar si una economía doméstica está en crecimiento o, en su defecto, en recesión.

Su creador, como medida de contabilidad nacional, fue Simon Kuznets, economista ruso-estadounidense, ganador del premio Nobel de economía en el  año 1971. Ya advirtió de sus deficiencias como registrador del bienestar de un territorio, y aún así, sus apreciaciones  cayeron en el baúl del olvido:

Hay que tener en cuenta las diferencias entre cantidad y calidad del crecimiento, entre sus costes y sus beneficios y entre el plazo corto y el largo. […] Los objetivos de “más” crecimiento deberían especificar de qué y para qué.

Simon Kuznets

El uso frecuente de esta terminología como escala de bienestar social es, simple y llanamente,  una manipulación consciente en toda regla. Se trata de un recurso que no entiende el impacto negativo medioambiental de la sociedad de consumo, no interpreta el poder adquisitivo  de los ciudadanos, no magnifica el incremento o el descenso de los activos/pasivos de una nación, simplemente representa su producción material en números absolutos.

Ni simboliza correctamente la riqueza ni el bienestar de los ciudadanos de un país:

  • Economía sumergida: Tanto el fraude fiscal, el tráfico  drogas y prostitucion son estimaciones que se añaden al PIB ocasionando una valoración inexacta de éste. Son magnitudes imprecisas de la economía informal que en España se calcula que representan alrededor del 25% del Producto Interior Bruto. ¡Un cuarto de los productos  y servicios producidos en España son elaborados a  partir de actividades ilícitas! Increíble pero cierto.
  • Impacto ecológico: No tiene en cuenta ni la destrucción de recursos naturales  ni cuantifica  la degradación del medio ambiente. No es capaz de evaluar las exernalidades producidas por la actividad económica.

  • Calidad de vida: Obvia el poder adquisitivo de los ciudadanos, el sueldo medio en comparación con otros otros territorios y la calidad de los contratos. Únicamente es capaz realizar mediciones según variables contables sujetas a términos monetarios, y como consecuencia, ignora, por ejemplo, las horas extra no retribuidas.

  • Valor de los activos/pasivos: Por definición, no incluye en su valoración económica ni los activos ni los pasivos, tanto privados como públicos -solamente de manera indirecta al influir éstos en la producción como elementos intermedios-, del conjunto de la sociedad. Podría ocurrir, por ejemplo, que una catástrofe natural o una guerra aumentara el indicador al contabilizar los bienes y servicios derivados de la reconstrucción material -incluyendo las ayudas internacionales-.

  • Auto-producción: No mide ni las riquezas producidas ni consumidas en los propios hogares debido a que éstas no participan en la economía de mercado, tales como los huertos ecológicos locales, las actividades domésticas o el voluntariado.

  • Calidad del servicio: Es muy difícil distinguir entre una incremento en el precio de un servicio a causa de una mejor calidad, o simplemente debido a la inflación por lo que resulta complicado estimar la causa de su variación.

Falacia 2: Estadísticas interesadas

Las medias aritméticas son ampliamente utilizadas como indicadores informativos económicos con el objetivo de proporcionar un valor medio que englobe a todos los ciudadanos de una nación o región. Sin embargo, se trata de una treta, de un manejo interesado de la estadística para confundir y jugar al despiste. La media no es representativa ya que  no revela la distribución de los valores medios en su resultado final, es una medición puramente cuantitativa, no cualitativa.

Imaginémonos un muestro simplificado:

  • Salario A: 10.000€ (20%)
  • Salario B: 20.000€ (20%)
  • Salario C: 30.000€ (20%)
  • Salario D: 50.000€ (20%)
  • Salario E: 150.000€ (20%)
  • Salario medio: (A+B+C+D+E) / 5 = 52.000€

El salario medio bruto es 52.000€ donde únicamente el 40% de la población está representada, y el 60% restante bastante alejada de esta cifra. Un valor medio bastante alejado de la realidad.

Imaginémonos ahora el mismo ejemplo pero más ajustado a la realidad:

  • Salario A: 10.000€ (15%)
  • Salario B: 20.000€ (35%)
  • Salario C: 30.000€ (30%)
  • Salario D: 50.000€ (15%)
  • Salario E: 150.000€ (5%)
  • Salario medio: (A*0.15+B*0.35+C*0.3+D*0.15+E*0.05) = 32.500€

Nos devuelve una media más representativa donde el salario medio bruto se ajusta más al salario que divide el valor absoluto en dos partes iguales, el salario C. No obstante, el 80% de la población está por debajo de este nuevo valor.

Resultaría mucho más ajustado a la realidad hablar sobre el salario mediano 30.000€, así como sobre el salario modal -o salario más frecuente-, en este caso 20.000€, y por supuesto, de los pesos porcentuales de cada uno y en términos netos en vez de brutos. En el informe de Instituto Nacional de estadística del año 2016, observamos como sí que se hace distinción entre salario medio y mediano, sin embargo, se elude información significativa que permitiría una mejor interpretación de la realidad del mercado laboral.

Estadística sobre los salarios de España

Falacia 3: El valor del dinero

Los intereses negativos y el dinero

El dinero carece de valor real, únicamente su coste de producción. Su valor es meramente nominal -el número inscrito en él-.  Hasta 1971 el dólar estaba sujeto al patrón oro de acuerdo a los acuerdos de Bretton Woods, es decir, era completamente intercambiable por el metal precioso. El comercio tanto nacional como internacional estaba supeditado, por un lado, al valor de la onza -y de la plata- en ese momento y, por el otro, a la cantidad total del mineral en cuestión  que poseyera cada país. El crecimiento de las naciones sujetas a estos acuerdos estaba subordinado a un elemento natural, valioso y escaso, y debido a ello, se ajustaba bastante bien a las necesidades reales de las ciudadanos, un crecimiento controlado y lineal además de sostenible en el tiempo y con el medio ambiente.

Sin embargo, las necesidades de gasto militar de la Guerra de Vietnam lo cambió todo. El dólar se desligó del oro y la moneda de reserva mundial se volvió intangible (FIAT money), carente de valor intrínseco. La época del bienestar general terminó para dar la bienvenida a la Edad dorada de la Deuda. La moneda fiduciaria se fundamenta tanto la obligación -impuesta por el estado- de los ciudadanos en el pago de su impuestos a través de ella, como en la confianza y la fe de la comunidad como método de intercambio y reserva de valor.

Las monedas internacionales no están respaldas por ningún metal precioso, simplemente por la promesa de pago de la entidad emisora. Y es a consecuencia de esta carencia total de valor tangible, real y evidente, junto con las políticas neoliberales introducidas por el dúo dinámico Thatcher y Reagan y apuntilladas por Bill Clinton en 1999, cómo la dictadura de la deuda ha hipotecado al 99% de la humanidad. La imprenta de deuda carece de límites, engulle la riqueza real como un agujero negro.

Falacia 4: Crecer en perpetuidad

la sostenibilidad como modelo de negocio

Las curvas y tasas de crecimiento en la economía son exponenciales. Cuando se menciona un aumento poblacional, o una economía en crecimiento de un 3%, normalmente se refiere a un aumento del 3% sobre el valor del año anterior, una progresión imposible de mantener a largo plazo. Con este índice de crecimiento anual, en menos de veinticuatro años la economía se habrá duplicado. ¿Cuántos años necesita nuestro planeta para regenerar y duplicar los recursos consumidos? La progresión incontrolada de nuestro modo de vida artificial es muy superior a la curva natural de los recursos de la Tierra, al medio ambiente, al mundo animal, vegetal y mineral;  éstos son todos finitos, escasos  e irreemplazables.

Si la tasa de regeneración de los recursos naturales no va a la par que la de las necesidades de consumo de la población en general, una vez que lleguemos al punto de equilibrio (seguramente ya sobrepasado), siendo éste el punto en el cual la diferencia entre la cantidad de recursos existentes y la cantidad demandada es igual a cero, los medios naturales empezarán a escasear al mismo tiempo que las guerras por el control de éstos a aumentar y el caos se extenderá a lo largo del globo.

La única razón por la que las que la economías del primer mundo han de crecer en perpetuidad es el sistema esclavo de deuda imperante. En el mundo existe más deuda -obligaciones de pago- que dinero en circulación. El dinero para el pago de ese interés de más aún no se ha creado, y por eso mismo, día tras día, nuevos bienes y servicios han de sumarse respecto a años anteriores para fomentar nuevos préstamos -y más intereses- y así expandir la masa monetaria por un lado, y  generar inflación -la valorización del dinero decae- por el otro a fin de rebajar el valor de los cargos en un futuro. El círculo vicioso imparable de la deuda en su máximo esplendor.  Encontremos un sistema económico sostenible que no se base en el crecimiento ad infinitum.

Falacia 5: La austeridad y el crecimiento

La austeridad es para todos

Se nos ha anunciado por activa y por pasiva que la única manera de vencer esta crisis económica interminable es la vía de la austeridad, esa receta mágica neoliberal que nos encaminará de volandas al crecimiento -insostenible- y, por ende, al camino del bienestar -del suyo propio-. Las políticas económicas están fundamentadas en ideologías, no se sustenta en premisas   universales ya que la economía es una ciencia inexacta sujeta a variables sociales dependientes del comportamiento humano, y éste no es una caja negra, un sistema cerrado, sino más bien adolece de una conducta que  resulta impredecible y poco mecánica.

Así, el ideario del establishment se fundamenta en que la masa social tiene que estar al servicio del capital y no al revés. Los pilares del Neoliberalismo son:

  1. Desregularización de los mercados
  2. Privatización de los sectores estratégicos del estado
  3. Uso de la emisión de moneda/deuda como medio de crecimiento continuo
  4. Austeridad fiscal o gasto público mínimo
  5. Flexibilización del mercado laboral
  6. Reducir salarios

Seis premisas encaminadas a reducir el gasto público a favor del gasto privado; eliminar la educación, la salud y las pensiones públicas en favor de mecanismos privados y, por consiguiente, aumentar la deuda privada y el flujo de dinero hacia el  mercado financiero. La austeridad no trae crecimiento, sino todo lo contrario, reduce el poder adquisitivo de la familias y, por tanto, el consumo y la demanda interna, compensándolo con un aumento en las exportaciones; un estado sobre-endeudado incapaz de pagar sus pensiones debido a la escasa remuneración por parte de los ciudadanos y un nuevo mercado laboral inundando la sociedad de trabajo precario. La única manera de acabar con el déficit es creciendo mediante inversiones públicas rentables y  en los sectores estratégicos  y productivos privados, con control total de la masa monetaria.