Cómo corromper los valores de una sociedad

El acto de corromper

Todas las revoluciones políticas, no afectadas por la conquista extranjera, se originan en revoluciones morales. La subversión de las instituciones establecidas no es más que una consecuencia de la subversión anterior de opiniones establecidas . – John Stuart Mill

El arte de la guerra es la ciencia más teorizada y practicada de la historia. Desde que los seres humanos se iniciaron en las técnicas agrícolas se asentaron  en localizaciones estratégicas que tomaron como propias. Para así modelar asociaciones de individuos distribuidas en distintas unidades funcionales, cuyas competencias, entre otras, se encontraban tanto las tácticas defensivas  focalizadas en la protección comunal, como las habilidades ofensivas  para la conquista de recursos. El arte de la guerra es el arte del engaño, tal como dijo Sun Tzu.

La única forma de derrotar al enemigo es conocerle como a un mismo. Utilizar sus propias fortalezas y debilidades para derrotarle, no tanto en un enfrentamiento directo, sino más bien mediante métodos más sugestivos, más sutiles, más ingeniosos. De ninguna  guerra convencional ha surgido alguna nación que se haya beneficiado de una confrontación prolongada en el tiempo. Sus consecuencias sociales, económicas y morales son nefastas a medio/largo plazo, tanto para el conquistador invasor como para la población ocupada. Estados quebrados, pueblos aniquilados, rencor intensificado solo conlleva más enemistad, más hostilidad, más ira. El oido atrae más odio.

Subversión y Revolución

La revolución de las masas

Las invasiones por la fuerza  han de ser rápidas, ágiles, dinámicas  para ser rentables al estado asaltante, el Veni, Vidi, Vici como paradigma de eficacia. No obstante, todo Imperio goza de su contrarrevolución. Una nación derrotada y acorralada es imprevisible, una bomba de relojería. Simplemente no tiene nada más que perder. Por ello, la infiltración y la conspiración son más pertinentes si lo que se pretende es adueñarse de las mentes y del alma de los ciudadanos. La subversión -como metodología de alteración del statu quose refiere a un proceso por el cual los principios y valores más arraigados de una estructura establecida se erosionan hasta  pervertirlos por completo.

La subversión es la precursora de la revolución. A menudo se confunden los dos conceptos, pero no son análogos. Ésta última se fundamenta en el mismo proceso de cambio, normalmente dentro de un periodo de tiempo relativamente corto, del sistema de poder de una institución. Para que exista una revolución social triunfante, es necesario un deterioro anterior continuado de la hegemonía cultural y moral del sistema establecido, se subvierte el presente para allanar el terreno hacia ese futuro prometido.

Como ejemplo elocuente, la Ilustración promovida por los intelectuales aburguesados, tales como Voltaire, Rousseau y Montesquieu entre otros, fue el axioma subversivo -resentido e interesado- contra las dos instituciones hegemónicas de la época: La Monarquía  y la Iglesia. Promoviendo así la separación de poderes y la  “Liberté,  Egalité et Fraternité” como lema oficial -y prestado- de su movimiento político, el cual desencadenó en la famosa Revolución Francesa. Curioso eslogan para quién ajusticia a cañonazos a los opositores políticos, mata de hambre a la plebe y promueve “la Terreur” como terrosismo de estado contra sus congéneres franceses.

Estados satélites

Si no puedes con tu enemigo, únete a él. 

Los estados satélite del imperio dominante son meras comparsas, a merced de la voluntad de su patrón y de sus deseos más caprichosos. Una multitud de naciones empobrecidas, tanto en Latinoamérica en el Chile de Pinochet, la Guatemala o El Salvador de los años setenta, como los estados fallidos del continente africano condenados a la miseria, o incluso  los antiguos aliados contra la Unión Soviética de Oriente Medio   han sido tomadas por el establishment como experimentos socio-económicos o, simple y llanamente, como colonias donde expoliar sus recursos naturales. El Capital alimenta la codicia desmedida e inagotable de ciertos personajes influyentes para someter a pueblos enteros.

El plan estratégico es bien sencillo, financiar, armar y renombrar a las milicias armadas a fin de promover el caos y el  terror entre todo el territorio. Fortalecer las dictaduras militares afines para facilitar la mano de obra barata y el acceso prácticamente  ilimitado a sus recursos naturales, mirando hacia otro lado mientras la población civil es desposeída de sus derechos fundamentales, o de su vida inclusive. La riqueza de los recursos minerales  como una maldición milenaria, una condena que afecta a todo aquel que tiene suelo fértil y no pertenece al primer mundo.

La droga

La mejor victoria es vencer sin combatir.

Sun Tzu

La introducción de estupefacientes como  mecanismo  de mitigación de riesgo en los colectivos más reaccionarios es una práctica habitual del establishment que tiene siglos de antigüedad. La droga –tanto legal como ilegal-, y sobre todo los opiáceos, somete a las personas, esclaviza a sus consumidores, los sume en un estado de dependencia tanto física como emocional, cuyas vidas acaban subyugadas a estas substancias. Su  consumo está ligado, intencionadamente, a unos principios libertarios frente a otros más conservadores o incluso represivos, promovido como mecanismo escapista frente a una  realidad dura de digerir y compleja de cambiar.

Su utilización está basada en dos objetivos principales:

  1. Beneficio económico: Es bien sabido que el mercado de la droga es gigantesco, el que más dinero mueve en el mundo. Siendo el más rentable si se controlan los canales de distribución.
  2. Beneficio político y social: Su  uso interesado a fin de  canalizar la  frustración de la sociedad hacia los estupefacientes legales e ilegales, reemplazando la discusión política y social. Colectivos enteros sumidos en un estado de alienación, escapismo y resignación.

Multitud de ejemplos muestran como  el  uso  de narcóticos ha corrompido la voluntad de colectivos reivindicativos, o incluso de naciones enteras. En  el   siglo XIX, Gran Bretaña y China entraron en conflicto por culpa de las denominadas Guerras del Opio. Debido al gran déficit comercial de las islas con la nación oriental, éstas introdujeron de forma ilegal Opio en su territorio para así contrarrestar su flujo de plata negativo. La adicción se propagó por la sociedad como una pandemia, incluso el emperador se vio obligado a prohibir tanto la venta como su consumo. Medida que desencadenó dos conflictos bélicos sucesivos que culminaron con la creación  del tercer banco de activos más grande de la actualidad, el HSBC, cuya principal función era –y sigue siendo– la de administrar las ganancias derivadas del tráfico de opio. En la historia reciente, tenemos los ejemplos de los Pantera Negra de Autodefensa o el mismísimo movimiento hippie.

El correctismo político

La prohibición de todos los argumentos que no conducen a la pura ortodoxia no perjudica sólo al espíritu de los disidentes. Los que primeramente sufren sus resultados son los ortodoxos mismos, cuyo desarrollo intelectual se agota y cuya razón llega a sentirse dominada por el temor a la herejía.

John Stuart Mill

Es la madre de todas las técnicas subversivas que existen. Ataca directamente al alma de los ciudadanos, la degrada y la convierte en una sub-versión,  un modelo inferior, defectuoso, simplista. Se trata de conseguir que sean los propios ciudadanos los que se auto-censuren, cuyo fin no es otro que neutralizar las ideas, los pensamientos que se oponen a la ideología que se quiere inocular. La corrección política  dentro del ideario  progresista es una paradoja difícil de explicar, simplemente se obvia. El avance hacia una sociedad donde el victimismo es un derecho casi divino engendra una población infantil, inmadura.

El esfuerzo por intentar que ninguna persona se sienta ofendida, que ningún colectivo se halle incómodo o inseguro, a salvo de cualquier posible alteración no hace más que limitar su capacidad crítica, el diálogo constructivo y la misma realidad en la que viven. El problema no se  soluciona cambiándole el nombre. Las estructuras educativas están sucumbiendo a esta corriente sensiblera sacrificando su rigor y su credibilidad, sustituyendo la razón y la lógica por la emoción y el sentimentalismo.

Una sociedad infantilizada no será capaz de resolver un dilema, de abordar un problema complejo, sino más bien recurrirán al cambio de léxico -unas palabras por otras- y cerrarán los ojos esperando a que se resuelva solo. Tal como dijo Clint Eastwood: << Secretamente, todo el mundo se está hartando de la corrección política, del peloteo. Estamos en una generación de blandengues; todos se la cogen con papel de fumar >>.

Valores tradicionales

Las armas son instrumentos fatales que solamente deben ser utilizadas cuando no hay otra alternativa.

Sun Tzu

La corrosión de lo valores tradicionales está al orden del día. Agredir de forma sistemática los pilares esenciales que sostienen la cultura de una nación acaba por corroer la identidad propia de los ciudadanos. Ya no sabemos quienes  somos. Las densas raíces generacionales que fijaban los principios fundamentales desde donde proyectamos nuestros anhelos e ideales son desmembradas por completo ocasionando un sentimiento de ansiedad y desasosiego al resquebrajar las bases de nuestra moral y ética. Perdidos como un navío en una noche oscura sin un faro que nos guíe.

Y para ello, primero se desvirtúan los diversos cimientos vitales de la sociedad para luego suplantarlos  por versiones mejoradas más acordes a la actualidad.

El concepto de familia tradicional es  tachado de trasnochado; la religión como búsqueda espiritual es caricaturizada en un mundo  donde la Ciencia, la Razón y los sentidos son los únicos instrumentos autorizados para hallar verdades absolutas; se desliga la sexualidad del cariño, del amor y del respeto a fin potenciar una hipersexualización de los individuos como nuevo producto de consumo; un arte moderno  incomprensible carente de estética ninguna  que ha sido prostituido  orientándolo  al mercado; incluso el lenguaje es señalado como un mecanismo de dominación del poderoso, para luego pervertirlo mediante el uso de una terminología errónea. Quizás no deberíamos desechar tan a la ligera los fundamentos que nos han guiado hasta donde estamos, y manifestar cierta gratitud y respeto.