Una sociedad polarizada

la dualidad manifiesta de la sociedad

La ideología alimenta la aprensión e intoxica la razón. – Anónimo

La sociedad actual occidental, por lo menos en España, sigue estando fuertemente polarizada. Nada sustancial ha cambiado tras la irrupción en la vida política de una nueva savia generacional escenificada por el flamante Ciudadanos y su liberalismo esencialmente corporativista, junto a su antagonista la  izquierda revitalizada  de Podemos y su infructuosa socialdemocracia reactiva.

Su eclosión, en ambos polos,  produjo una  exaltación en el ánima adormecida de una ciudadanía derrotada y resignada a su destino, una catarsis político social. Un soplo de aire fresco  al optimismo de un presente más admisible y a la esperanza de un futuro prometedor, pero nada más lejos de la realidad. Por desgracia, ambos recetarios parten de unas ideologías trasnochadas reajustadas a la actualidad. Las mismas ideas oxidadas y caducas de siempre en un nuevo envoltorio  fresco y embellecido.

Del teatro al quiero y no puedo

El teatro de los políticos

Los primeros suponen un lavado de cara del conservadurismo más rancio. Representan la continuidad del statu quo disfrazado de un progresismo adulterado potenciado, desde su origen, por los principales medios de comunicación y por las influencias e influjos del establishment.

Lo cierto es que la derecha no engaña a nadie. Puede robar, mentir, defraudar, agraviar, corromper; no obstante, su tendencia continuista de no cambiar absolutamente nada en favor de los poderes fácticos resulta muy previsible y, por tanto, gozan de una naturaleza dócil y servicial siempre y cuando la simbiosis sea provechosa en ambos sentidos. El rédito personal junto con los delirios de grandeza determinan su interés en los asuntos públicos. Añoran el pasado, aman el presente por encima de todo y no están dispuestos  a arriesgarlo por un futuro incierto.

Por contra, los segundos se visten de fuerza reactiva frente a una realidad nada alentadora de neoliberalismo puritano. Se autodefinen como el cambio necesario; el movimiento social, político y cultural que dará forma al nuevo mundo. Vapuleados a diario desde sus inicios por los voceros de Capital y demás lacayos a sueldo, los contrarrestaron canalizando el malestar de los frustrados alimentando una lucha de clases 2.0 entre la casta parasitaria de la nueva burguesía y el proletariado del siglo XXI.

Sin embargo, una vez asentados en las instituciones nacionales, su incapacidad para crear sinergias operativas, una indefinición manifiesta que confunde a sus fieles, el  retroceso  de sus propuestas más disruptivas y un culto al líder in crescendo han frenado en seco su asalto a los cielos. Los agitadores de masas se caracterizan por  desechar el presente, quieren desmembrarlo y abandonarlo a su suerte en favor de la esperanza garantizada de un futuro glorioso. No obstante, ¿cómo conseguir esa tierra prometida sin ofrecer una nueva Fe purificadora, jugando con las mismas reglas que imposibilitan el cambio?

Ambas formaciones –ni que decir de las antiguas- son incapaces –o se resisten-  de incorporar a su discurso las causas principales de los problemas reales que afectan a la gran mayoría de los seres humanos y al ecosistema global. La “nueva” izquierda ha de reinventarse por completo, del reactivismo al proactivismo, regenerarse o desaparecer.

La revolución estéril

Una revuelta popular

Es inútil seguir analizando el continuismo de la derecha y su relación con las élites, ya han corrido suficientes ríos de tinta sobre este asunto. La crítica constructiva debe de centrarse en su contrarrevolución, el movimiento capacitado para crear un nuevo orden de las cosas. Y Podemos, hoy en día, está fracasando en ese sentido. ¿Por qué?

Empezó como un torbellino, como una fuerza proactiva incontrolable, como el modelo disruptivo que reemplazaría al statu quo. Envalentonados por su ascenso meteórico en las elecciones europeas, declararon su amor fraternal y tomaron como arquetipo de referencia a la autodenominada Coalición de Izquierda radical Syriza ganadora de la elecciones parlamentarias griegas de 2015 donde su  líder, Alexis Tsipras, fue elegido Primer Ministro heleno. Aupados por la figura mediática de su Ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, proclamaron su hoja de ruta: Reforma o Ruptura. Propuestas como la RBU, reestructuración de la deuda, soberanía monetaria, reforma del modelo europeo y bancario formaron una corriente imparable de ilusión y esperanza. El nacimiento de una nueva Fe, un contrapoder real al establishment.

La traición de Tsipras a su pueblo fue  muy significativa, el principio del fin, el inicio de la decadencia de la izquierda. La cohesión de todo movimiento revolucionario se fundamenta en una profunda aversión hacia el enemigo y, además, en una fe ciega de una gloria futura. Podemos debería haberlo sabido. Una condena unilateral  a Syriza le hubiera liberado  de toda responsabilidad, proclamándose dueño legítimo de la Revolución. Y aun así,  se decantaron por la loa, las alabanzas. En el inconsciente colectivo, la nueva Religión se había desplomado como un castillo de naipes, el Mal había vencido.

Con el rabo entre las piernas, inseguros, vacilantes, mutaron al reactivismo y adoptaron la socialdemocracia guerrillera. Una prosa atractiva y cautivadora que reviste un contenido monótono, aburrido, un parche más. Ganaron Madrid y Barcelona, en coaliciones multiplataforma, pero fue más un mérito personalista que de marca. Sin embargo, las ideas son como las semillas, necesitan de tiempo y recursos para germinar. El desencanto generalizado aún no había florecido en el consciente de los ciudadanos.

Unidos Podemos –nueva eslogan para las elecciones generales- es un grupo de facciones, un ejército de guerrillas –anticapitalistas, comunistas, socialdemócratas, republicanos, marxistas, socialistas y ecologistas-. Una vez que alcanza cierto poder, o, un desequilibrio entre fuerzas se manifiesta, se rompe; todos quieren su parte del pastel, su unidad se diluye como un azucarillo en una taza de café. Una vez asentados en el Congreso, resolvieron  su disyuntiva interna a favor de mantener el tono –que no el fondo- combativo y subversivo en lugar de  afianzar su nueva ideología. Futuro por presente. Su pluralidad decayó al mismo tiempo que  su culto al líder se intensificó. Los vencidos, apartados o desencantados, dieron un paso atrás, desilusionando nuevamente a sus fieles.

Su gestión en la crisis catalana fue nefasta. No tanto  por su posición despolarizada, valiente y coherente en favor de un referéndum y en contra de un proceso de independencia totalitario e ilegal; sino más bien, por un lado, debido a su incapacidad de transmitir una correcta interpretación de su propuesta a la ciudadanía, y por otro, no haber sido lo suficientemente claro en su rechazo al unilateralismo. No supieron descifrar de manera acertada al pueblo que intentan socorrer y movilizar, ni tampoco a una parte de sus militantes. La ambigüedad es vista como ventajista, un juego a dos bandas, y no gusta.  Y así, a la tercera fue la vencida.

Maniqueísmo manifiesto

El sentimiento de contrariedad

El pensamiento maniqueo sigue estando enquistado en la mente de los ciudadanos. La sociedad no es capaz de abstraerse del compromiso adquirido de sus decisiones, de sus creencias preconcebidas ni de su ideología predilecta. En lugar de entender un compromiso como una acción –equivocada o no- ejercida sobre un elemento ajeno que pueda estar basada en unas premisas adulteradas o incluso fraudulentas, el objeto se toma como si fuera propio, se incorpora al organismo como un apéndice añadido al propio ser.

Me han tildado de “derechona rancia” por artículos como “la censura progresista” o “Cómo corromper los valores de una sociedad” y al mismo tiempo, de “rojales de categoría” por “5 falacias económicas populares” o “La paradoja del coste cero“. ¿Es que no existe término medio? ¿Dónde queda la autocrítica? ¿No se puede estar en desacuerdo con algo sin estar automáticamente en consonancia con su contrario?

Este proceso de agregación automática se denomina coherencia mecánica. Se trata de un mecanismo irreflexivo del cortex cerebral que actúa como escudo frente al pensamiento racional. Su finalidad se fundamenta en proteger al individuo de su propio raciocinio (extracto del artículo Principio de Coherencia):

“[…]para protegerse de la carga tanto mental como emocional de tener que cuestionarse una y otra vez la viabilidad y la ética de sus decisiones. Por lo tanto, la lógica no siempre acompaña a las resoluciones de las personas, ya que éstas una vez comprometidas, aun conociendo la inexactitud de los principios que las motivaron, prefieren el autoengaño a la carga de tener que corregir su conducta. Es mejor dar por sentada una realidad que la fatiga de preocuparse en pensar si ésta es idónea o verdadera.”

Etiquetar alegremente permite al individuo evadirse de la autocrítica de sus presunciones, le libera de toda molestia. Es imprescindible huir del fanatismo y de la simplificación maniqueísta, mecanismo que favorece únicamente al statu quo.

¿Somos realmente libres pensadores?

El pensamiento dual

Pensar libremente no debería reducirse  simplemente  a nadar a contracorriente, a rebelarse contra el orden preestablecido incorporando una tesis antagonista.  Sino más bien a estar dispuesto a explorar todas las probabilidades, sean racionales o irracionales, tangibles o intangibles, populares o no. Parece que todo ha de reducirse a la dualidad blanco o negro, el Bien contra el Mal, izquierda o derecha. La realidad es mucho más compleja y fascinante, es un abanico casi inabarcable de posibilidades  e interpretaciones intermedias.

¿Realmente el ser humano es tan soberbio como para negar categóricamente una posibilidad simplemente por el hecho de querer tener razón? La duda es el estímulo del progreso, implica el reconocimiento interior de ser humilde, de no estar en posesión de la verdad, un proceso introspectivo tanto purificador como liberador. La duda debería de acompañar ininterrumpidamente al hombre en su continuo progreso personal. Dudo, luego soy libre.

Navegando por la web encontré un artículo (en inglés) muy interesante “Are You a Freethinker?” que expone las posibles características -según el autor- de un libre pensador en contraposición a un pensador maniqueísta:

Características de un libre pensador:

  1. Aceptación de la incertidumbre y la falta de estabilidad.
  2. Aceptar el “no saber”.
  3. Una necesidad de cambiar la ideas, reglas, espectativas y creencias preestablecidas.
  4. Habilidad para indagar todas las posibilidades, incluídas las metafísicas y sobrenaturales.
  5. Desplazarse entre las distintas tonalidades del gris, alejándose del blanco y negro.
  6. Habilidad para posicionarse desde multitud de perspectivas.
  7. Curiosidad infinita. Un necesidad constante de aprender y explorar, de hallar la Verdad.
  8. Aceptar que se pueda estar equivocado, del error se aprende más que del acierto.
  9. Conformarse con comunicar, sin necesidad de convencer o convertir.
  10. Mentalidad inclusiva.

Características  de un pensador polarizado:

  1. Miedo o resistencia a la incertidumbre y a la falta de estabilidad.
  2. No aceptar el “no saber”.
  3. Necesidad de pertenencia a un colectivo que comparta la mismas ideas y creencias.
  4. Rechazo de las ideas o perspectivas que no encajan en el sistema de creencias adquirido.
  5. Polaridad blanco y negro, bueno y malo.
  6. Estrechez de miras, incapacidad para pensar “outside of the box”.
  7. Necesidad de seguridad y tenerlo todo bajo control.
  8. Necesidad de tener la razón.
  9. Anhelar la capacidad para convencer y convertir al individuo.
  10. Mentalidad  excluyente, “o nosotros o ellos”.

¿Y tú, en qué lado te encuentras?