FAANG: El vampirismo tecnológico

FAANG o el vampirismo tecnológico

Un monopolio es una cosa terrible hasta que lo tienes. – Rupert Murdoch

El gigantesco nicho oligopolístico compuesto por los  vampiros tecnológicos designados con el acrónimo FAANG –Facebook, Amazon, Apple, Netflix y Google-, o FAAMG –Microsoft suplantando la N- va camino de drenar todo el capital financiero del tejido industrial norteamericano, y por tanto del mundo occidental, que sustenta el sistema circulatorio de la  economía global. El aumento de la concentración de capital  en un grupo que no llega ni al  2% del índice S&P 500 estadounidense es  preocupante y debería hacer reaccionar a las autoridades competentes, solamente ellas cinco son capaces de acumular 2,4 billones de valor de mercado, aproximadamente el 10% de total del índice bursátil, cifra equivalente al PIB de Francia o superior al  de Rusia. El neofeudalismo tecnológico está al acecho.

Las diez compañías con más peso del NASDAQ representan prácticamente el 50% del índice total. Un grado de monopolio  tan acusado es debido a una  centralización tecnológica masiva ocasionada, por un lado,  a la facilidad de financiación mediante dinero ultra barato como estrategia de expansión crediticia, y por otro, a la laxitud de las agencias de vigilancia gubernamentales, responsables de garantizar la estabilidad en los mercados y la libre competencia, demasiado permisivas con las absorciones y adquisiciones constantes de empresas complementarias.

Este crecimiento incontrolado da lugar a una extracción de recursos de abajo hacia arriba, se trata de entidades descomunales recolectoras de riqueza expertas en licuar fondos  tanto del sector tecnológico como de las demás industrias; una redistribución de los ingresos desde las Pymes hacia las grandes potencias industriales. La competencia desaparece por culpa de las pérdidas continuadas por incapacidad de maniobra e inanición, o si tiene suerte, abocada a  una venta que la libere de su condena a una muerte lenta y llena de agonía. Las cifras son irrebatibles, el duopolio Facebook y Gooogle controla más del 60% de la publicidad online, drenando casi por completo el sustento económico del resto del mercado digital. El software codicioso lo está destruyendo todo.

Facebook: La red de la trivialidad

Fakebook: la red de la trivialidad

La tejedora de la red social más grande del mundo es un monopolio colosal. Se trata de una malla que canaliza casi el 80% del tráfico social móvil si se contabiliza junto con sus subsidarias, WhatsApp, Mesenger e Instagram; además de prácticamente el cuarto del tráfico total  global del planeta dirigido hacia la Word Wide Web. Facebook está engullendo literalmente el sector de  las noticias y la distribución de los contenidos. Gracias al lanzamiento en 2015 de Instant articules busca posicionarse como el proveedor número uno de información en el mundo. Su acogida por los grandes Mass Media fue moderada, abnegados a tener que compartir sus contenidos en el red social en detrimento de tráfico directo a su propia web.

Sin embargo, un cambio de términos y condiciones reciente en su algoritmo ha provocado la ira de éstos últimos. Ahora se favorece el contenido ligero, fácil y entretenido, o lo que es lo mismo, la información presentada a cada usuario no se establece gracias a un criterio de selección basado en la calidad, veracidad o en su valoración,  sino más bien en términos monetarios -promoción-, en su ratio de viralidad y en los prejuicios ideológicos de los consumidores. En este preciso momento se encuentra en el ojo del huracán por haber permitido y promovido la propagación de noticias falsas y supuestas “injerencias” rusas en asuntos de estado. No le vale con ser el mensajero del reino, sino que además anhela ser el dios de la vanidad  y la mentira.

El objetivo último es atrapar al usuario en su red ad infinitum, incitarles a tomar decisiones en forma de shares o likes para crear perfiles de consumo y venderlos al mejor postor. Incluso su primer presidente, Sean Parker, admitió en 2017 que fue diseñada para explotar una «vulnerabilidad psicológica humana» y «consumir la mayor cantidad posible de tiempo y de atención consciente». Realmente alarmante si tenemos en consideración que, según la Fundación Reuters, el 44% de los usuarios se informan mediante la redes sociales, siendo éstas la principal fuente de noticias para los jóvenes. Fakebook convertido en el comisionista mundial de la información espuria mercantilizada, el gran bazar de la trivialidad en internet.

Amazon: el Hitman del Retail tradicional

Amazon triste

Coincidiendo con el auge de las sociedades de consumo exagerado e insostenible, a la par que el modelo económico sustentado por la expansión del sector de la construcción, en la década de los noventa los comercios minoristas tradicionales locales sufrieron algo muy parecido a un apocalipsis del retail. Los centros comerciales masivos aparecieron de la noche a la mañana, respaldados por inversión extranjera y un  incentivo gubernamental para apilar ladrillos uno detrás de otro, haciendo estallar el mercado. Se pasó de tres malls bien localizados -La Vaguada y Parquesur en Madrid y Nuevo Centro en Valencia- a finales de los ochenta a 197 en el año 2000. No les bastaba con destruir el comercio local, sino que pretendían imponer nuevos hábitos de consumo y  reformar las oxidadas rutinas cotidianas familiares, la cultura de los mallrats como exponente de la sociedad moderna.  Cambiar la vieja – y poco rentable- costumbre de ir a pasear por el parque por una visita a los escaparates más exclusivos del momento.

No obstante, la tecnología es un maremoto que, incontrolada, es capaz de arrasar con todo lo asentado, un segundo apocalipsis minorista está en curso, y esta vez, los centros comercial como máximos damnificados. El sector retail tradicional está en grave peligro de extinción. Amazon ya no se conforma con ser el líder de la venta online con una cuota de mercado  de más del 21%, y alrededor de un 74% en el mercado del libro electrónico, sino que ambiciona complementarla con el canal venta de las tienda físicas. A mediados de 2017, en Estados Unidos, más de 3.500 tiendas de grandes marcas fueron clausuradas.

Los comercios locales de los barrios no dejan de cerrar, las ferreterías, los mercados , las librerías son pasto de los lobos tecnológicos. Son incapaces de competir con los precios baratos de la venta web, con la facilidad y comodidad proporcionada por la plataformas online y su buen funcionamiento respecto a la atención al cliente, las políticas de devolución y la entrega eficiente de la mercancía. La tecnología es la fuerza renovadora de la economía, y por ende, de la sociedad en su conjunto;  destruye para crear algo superior, mejorado. Esta destrucción creativa necesita de una legislación ágil y flexible que la acompañe, necesita democratizarse; en caso contrario, solo traerá miseria y desgracia para la gran mayoría.

Google: El algoritmo que esculpe la realidad

Google es como Matrix

La joya de la corona. Google, o su matriz Alphabet, esculpe la realidad de cada individuo conectado a la red. A ella le pertenece una cuota de mercado de prácticamente el 90% de de las búsquedas online y un 40% en sector de la publicidad digital. Junto con Facebook, se reparten prácticamente el 60% de toda la publicidad web mundial.

No se trata simplemente un mero buscador de información web, es el dios de la modernidad, omnipresente, omnisciente, omnipotente y digital que responde a 5,5 millones de preguntas diarias modelando la realidad en base a unos criterios totalmente subjetivos e interesados. Subjetivos porque los criterios de su algoritmo, desde 2009, son individuales a cada persona, es decir, la misma búsqueda exacta no da el mismo resultado para dos personas distintas; e interesados debido a que esos resultados singulares están orientados a perfiles de consumo perfilados en base a las decisiones del usuario y a sus propios servicios de venta . Podría equipararse al Matrix del mundo digital.

Cierto es que la personalización es positiva en ciertos aspectos, son búsquedas que mejoran en eficiencia y agilidad. Sin embargo, debido al peso de este buscador sobre la percepción de la realidad de la sociedad, el filtrado de noticias y opiniones en base a criterios comerciales -no olvidemos que su negocio es la publicidad- resulta peligroso y alarmante. Podría ocasionar sesgos individuales para cada persona sobre el mundo que le rodea, acotando y limitando su visión panorámica a una irrealidad totalmente distorsionada. La desaparición de un mundo alternativo que nos haga cuestionar nuestros prejuicios infundados, nuestras creencias inoculadas, siempre inmersos en nuestra zona de confort, sin aprender nada nuevo, sin progresar. El problema de creernos con la verdad absoluta nos impide cuestionarnos nada, ni siquiera a nosotros mismos.

Posibles soluciones

Se podría argumentar, con toda lógica, que se trata de empresas privadas cuyas decisiones, dentro de la legalidad vigente, buscan el rédito por encima de todo. Sin embargo, han adquirido un nivel superior, un estatus casi divino, al igual los bancos supranacionales, y en virtud del bienestar de la sociedad en general, han de ser reguladas o intervenidas. Los monopolios destruyen los mercados, ejercen su influencia y su poder sin compasión como los tiranos de la antigüedad. Los mismos principios de la economía clásica resaltan la perversa influencia monopolística en la salud de la economía de mercado. Un conjunto de soluciones conocidas y ya acreditadas en la historia reciente serían de gran utilidad:

  1. Partirlas en trozos: Cada área funcional de negocio independiente, como se hizo con los bancos en el New Deal  al separar el área de banca de inversión de la tradicional. Diez empresas potentes en lugar de una gigantesca para favorecer la libre competencia, tal como le gustaría a Adam Smith.
  2. Mayor rigidez en las leyes de fusiones y adquisiciones antitrust: Estas empresas ya no innovan, eliminan su competencia integrándola como funcionalidades nuevas a base crédito ultra barato. Facebook compró Instagram y WhatsApp; Amazon adquirío Alexa, Zappos, Twitch y Audible; y  Google DoubleClick y AdMob. En cuanto encuentran una amenaza, la absorben como si de un agujero negro se tratara.
  3. Democratizar la tecnología: Declarar estás corporaciones como de interés y utilidad pública, con la obligación de liberar, tras un tiempo determinado, conocimiento para ser transformado en dominio público. No olvidemos que todas y cada una de ellas se han beneficiado de las investigaciones y descubrimientos tecnológicos financiados por los impuestos de cada ciudadano. Es hora que esos réditos regresan a su origen.
  4. El pago de sus obligaciones: Es una vergüenza que a estas empresas se les permita operar  desde países con fiscalidades elásticas y favorables en términos de obligaciones tributarias para reducir sus impuestos considerablemente. Que Google pague en Espana un total de 2,2 millones de euros es totalmente ridículo.
  5. Multas sustanciales: Las multas a la industria a la mala praxis empresarial por lo general son insuficientes. Ejemplos como 147 al HSBC por  manipular el precio de la divisas, 2420 millones a Google cuyos beneficios anuales ascienden a  más de 80.000 millones (3%) y muchas otras favorecen la timocracia en la que vivimos. Es como si al ciudadano de a pie se le multara con 5 céntimos cada vez que no pagara por el ticket de la zona azul.
  6. Responsabilidad ciudadana: Los ciudadanos clamamos por nuestros derechos, sin embargo, no podemos ni debemos evadirnos de nuestras responsabilidades. Existen alternativas de consumo similares a todos ellas, aunque más costosas en tiempo y dinero.  Aún así, debemos decidir, sobre todo en términos de medio/largo plazo, qué resulta ser lo más beneficioso para el conjunto de la sociedad.