La Flor de Loto y su simbolismo

La Flor de Loto flotando en el Agua.

“Entonces, sentada sobre un loto la brillante Diosa de la Belleza, la Shrî sin par, se alzó en lo alto de las olas…”. Sir Monier Williams

Quizás no exista símbolo más arcaico y universal que la Flor de Loto y su representación equivalente en todas las doctrinas tanto antiguas como actuales. Un ideograma dotado de un significado filosófico profundo, de una importancia manifiesta que se magnifica proporcionalmente a su antigüedad, cuyo origen parte de los albores de la humanidad.

El Loto fue considerado como sagrado por las civilizaciones más arcaicas, tales como la majestuosa egipcia, la antiquísima indoaria, incluso por el rito antiguo budista del Himalaya. En la India, debido al  culto hindú fuertemente enraizado, se considera la flor nacional. Culturas de una fuerte tradición   mitológica y filosófica como la antigua China y el Japón clásico  lo reverenciaron desde sus inicios. De igual manera que otras más actuales y extendidas lo han adoptado como distintivo reemplazándolo por un nenúfar, una concha marina o la azucena misma. Todas las doctrinas espirituales han tomado su significado como propio, independiente de su imagen, y lo exhiben como  un principio universal.

El Agua como símbolo

“El agua es la fuerza motriz de toda la naturaleza.” Leonardo da Vinci

Para comprender de forma acertada  la totalidad del símbolo de la Flor de Loto, primero deberemos  descifrar  la base sobre la que reposa, el Agua o el Gran Mar. Antiguamente, tanto las letras como los números –combinados o por separado- eran considerados místicos, una manifestación de lo divino en lo terrenal, incluso provistos de propiedades sobrenaturales. Cada uno simbolizaba –aparte de su uso coloquial- una idea, un concepto espiritual, la representación de una verdad colectiva. La letra más sagrada de todas era la M, poderosa e imponente en todos los idiomas antiguos, tanto orientales como occidentales. Su grafía, sumamente descriptiva, encarna las ondas del mar, el movimiento de la substancia acuosa.

las olas del MarEl mar –o el agua misma-, vinculado al concepto reproductivo, ha estado muy presente en todas las tradiciones antiguas velado por su letra inicial.

Tenemos a Makara, cocodrilo o monstruo marino de la mitología hindú y décimo signo del Zodíaco, o Capricornio en la actualidad, la cabra que es mitad pez. Encontramos a la  Metis griega, ninfa marina que personificaba la Prudencia, la Sabiduría Divina; así como a Maya, la gran Ilusión que compone la realidad de todo el universo, la materia del mundo perceptible  o la madre de Buddha; Mut diosa madre egipcia, origen de todo lo creado; Minerva o la diosa de la Sabiduría; la Virgen María como madre del hijo del dios cristiano, siempre conectado con el agua, los peces y el bautismo; incluso Moisés fue rescatado del río Nilo en su niñez; Miriam, su hermana, vigilante mientras el Nilo se lo llevaba o Mirra como madre de Adonis en la mitología griega; incluso la palabra Madre -Mater, Mother, Mère, Mutter, Maa,  Maa-ji, Mãe, Mëmë, Matka, Moeder, Màna- encierra el misterio en sí misma. ¿Acaso se trata de una mera coincidencia?

¿Cuál es entonces su verdadero significado? El Agua es la antítesis del Fuego, ambos conformando la dualidad universal, los pilares que sostienen al mundo conocido, como las Columnas de Hércules. La primera representa la Materia, el principio productor y pasivo, la parte femenina del universo; por contra, el segundo es el Espíritu, el principio generador y activo o la parte masculino del todo. El Gran Mar como la substancia bruta, virgen e indiferenciada que reposa a la espera de que el Fuego, el Espíritu o el Rayo la germine para engendrar al primer principio Constructor, al Arquitecto, al  Verbo o al LogosEl agua representa la argamasa sobre la  cual  los distintos arquetipos primigenios –las ideas, los  noúmenos- se manifiestan en la realidad consciente.

El Loto y su significado

“Mediante la observación microscópica y la proyección astronómica la flor de loto puede convertirse en la base de toda una teoría  del universo y en un agente por medio del cual podemos percibir la verdad.” – Yukio mishima

El emblema de la Flor de Loto está compuesto de tres partes. Sus raíces reposan por debajo del agua, conectadas con el mundo físico, con la realidad  aparente creando lazos sólidos con ese plano de existencia -como el árbol de la vida-. Su flor representa el mundo de las ideas, los prototipos abstractos, los moldes  originales desde donde derivan todas las formas observables. Y por último, el tallo como vehículo entre distintos planos, del consciente al inconsciente, el vínculo entre los dos mundos, entre lo espiritual y lo  material. Una Filosofía entera, oculta detrás de toda corriente religiosa, en un solo símbolo.

Se trata de la alegoría  por excelencia consagrada a los Dioses y a la propia Naturaleza, a los poderes productivos de ambos, que encarna la unión dual entre lo intangible y lo tangible para generar la Triada Sagrada, cuyo resultado es el Logos o el Universo percibido. Independientemente de la figura que se utilice, ya sea como una concha marina, un nenúfar, la flor de loto –todas acuáticas- o la azucena inclusive, retiene el mismo concepto filosófico: el plano objetivo  que emana de lo subjetivo, lo indeterminado manifestándose en lo concreto, en el mundo visible.

Los Fractales y la autosemejanza

La Flor de Loto alude a la mecánica oculta de la auto-semejanza. Cada semilla de esta flor contiene el prototipo visible, idéntico  y completo de su estructura final. Hojas en miniatura perfectamente formadas como patrón primario para lo que debería llegar a ser. Toda fuente creadora incluye dentro de sí misma al arquetipo, el modelo del ente al que reproduce; similar a código genético encerrado en el ADN de cada célula de cualquier organismo viviente. Al estudiarla, al  observarla detenidamente nos damos cuenta que en sí misma, por analogía, encierra una verdad extrapolable al universo entero. Y por ello, es quizás el símbolo más venerado y trascendente que se halla hecho nunca.

Distintas representaciones religiosas

Visnú y su consorte, la diosa Laksmí sobre la serpiente Shesha Naga
Visnú y su consorte, la diosa Laksmí sobre la serpiente Shesha Naga

Multitud de doctrinas religiosas, en la antigüedad, han tomado este símbolo como propio para exhibir a quién pudiera descifrarlo el verdadero dogma oculto tras sus relatos místicos y alegorías legendarias.

La diosa Laksmí sobre un Loto

En el Hinduismo, se muestra la Flor de Loto –Padma– emerger del ombligo  del dios Vishnu reposando  sobre la Serpiente Naga flotando en un océano de agua –o leche-. Se trata del universo desenvolviéndose desde el punto primigenio (su ombligo), de la no-materia a una explosión infinita de ella, similar a la teoría del Big Bang formulada por la Ciencia como posible origen del todo. A Laksmí, consorte eterna de Vishnu –o su aspecto femenino- y denominada a menudo Padma, es representada flotando sobre un Loto , al igual que Afrodita –Venus-, diosa de la Belleza, del Amor y de la Fertilidad, surge de la espuma del mar encima de una concha. Una representación bastante explícita una vez conocido el significado de cada elemento. Su concepto fundamental es  simple y al mismo tiempo hermoso, la creación del universo material a partir de la Sabiduría Divina.

El nacimiento de Venus
El nacimiento de Venus

Tanto en el Cristianismo como en el Judaísmo, en sus inicios, los padres fundadores conocían perfectamente las tradiciones antiguas y las incorporaron a sus idiosincrasias respectivas. Al convertirse en doctrinas globales, la interpretación de sus dogmas se corrompió. La idea subyacente de la Flor de Loto se manifiesta en el árbol del Jardín del Edén del Antiguo Testamento: “Y Dios dijo: que la tierra produzca… el árbol frutal que dé el fruto según su naturaleza, cuya semilla está en él mismo”.

La Anunciación

Asimismo, los cuadros de la Anunciación referentes al culto cristiano representan al Arcángel Gabriel sosteniendo esquejes de azucenas ( al no medrar el Loto ni en palestina ni en Europa) como ofrenda a la Virgen María. Le comunica que será madre de Jesús obsequiándole con el símbolo de la creación, el poder productor y femenino.

En el antiguo Egipto, JnumEl que modela” era el dios creador, de la fertilidad, que dio origen al mundo, quien moldea todas las cosas habidas y por  haber con lodo del Nilo tras su torno de alfarero. Considerado el Poder Húmedo, era el guardián de la Aguas del inframundo sentado en su trono en forma de Loto. La deidad  Totarquitecto de todas las cosas”, dios de la Sabiduría, de la Palabra y de los Misterios, el escriba celestial juez de los actos del Hombre, reposa sobre un Loto abierto. Se le identifica con el Hermes griego, siendo Mercurio y el dios del ingenio, de la astucia y de la Sabiduría. La diosa HeketLa que hace respirar“, diosa benefactora de la vida y de la fertilidad representada como una rana que descansaba asimismo sobre una Flor de Loto. La rana –o sapo-, debido a su naturaleza anfibia e, igualmente, a su comportamiento natural de aparecer y desaparecer durante periodos prolongados simulando una resurrección, dentro de una concha o Loto fue el emblema elegido  para la creencia de la Resurrección.

Y se repite, una vez tras otra, en muchas otras leyendas y divinidades mitológicas. Como vemos, la simbología arcaica aparece en todas y cada una de las principales doctrinas, un poso añejo  común a todas ellas, siempre y cuando sepamos interpretarlas correctamente.