Vivir en armonía

¿Cuál de los dos caminos elegir?

Los religiosos nos dicen que la felicidad se logra llenando el corazón de amor, fe y esperanza, practicando la caridad y brindando bondad. En verdad tienen razón. Dadas estas actitudes, habitualmente vienen el equilibrio y la armonía. – Brian Weiss

No es mi intención promover ninguna doctrina religiosa, ni mucho menos escribir una oda a la autoayuda. No obstante, bien  es cierto que la sociedad occidental actual vive inmersa en una profunda crisis de valores morales y éticos. La conducta humana se encuentra en decadencia. Curiosamente, cuanto mayor es el desprecio por las ciencias bautizadas como Humanidades, siendo  éstas el  conjunto de disciplinas relacionadas con la cultura humana, mayor es el abismo entre el individuo y su conocimiento interior. Sin un entendimiento real de nuestro verdadero Yo, cómo es posible encontrarse en armonía con uno mismo.

Eliminado el plano metafísico, toda la responsabilidad de satisfacer las dudas existenciales de la psique humana es traspasada al eje central de la sociedad moderna: el dinero y el éxito. El Ego como nuevo Redentor omnipresente, insaciable y bien agradecido con sus siervos más devotos. Un dios cuyo reino engloba la única realidad aceptada, el mundo físico, y cuya moral es la vanidad pura.

Este artículo trata sobre experiencias personales y de mi entorno donde en relación a mi propia progresión interior he percibido ciertas pautas, comportamientos y conductas que nos acercan a una mejora sustancial en el  equilibrio y bienestar interior.

Filosofía y Ciencia

La Filosofía, considerada como la madre de todas las ciencias dado que sus fundamentos dieron las primeras pautas para el desarrollo de la ciencia moderna, se encuentra en entredicho por el simple hecho de no ajustarse servilmente a los estándares del mercado. Simple y llanamente no produce rendimientos, más bien todo lo contrario. La Filosofía ha tratado de vincular, desde los albores de la humanidad, al espíritu con la materia, a Dios -antropomórfico o no- y a la Naturaleza, al Noúmeno con el Fenómeno; así como la Ciencia trata actualmente de aunar ambos mundos atómico y cuántico. ¿Realmente distan tanto la una de la otra?

En la antigüedad se diferenciaban las artes que servían al hombre libre para encontrar el conocimiento y la sabiduría de las que proporcionaban habilidades para ganarse el sustento. Las primeras se ilustraban como las Siete Artes Liberales: Gramática, Dialéctica, Retórica (o Lógica) y  Aritmética; Geometría, Astronomía y Música. Éstas se dividían en dos grupos, el Trivium (o tres vías) agrupaba las disciplinas de la Elocuencia, o el arte del lenguaje para buscar la Verdad a través de la crítica, la duda y la lógica; y el Quadrivium (o cuatro vías) formada por las Matemáticas, esa ciencia empleada para encontrar las causas primigenias de la vida y del universo, tanto antiguamente como en la actualidad. La base de la Filosofía, al igual que la de la Ciencia, siempre ha sido matemática.

Por contra, las segundas como la Medicina, Química, Arquitectura y demás eran artes secundarias especializadas con un fin económico, en el rédito personal. Lamentablemente, hoy en día, la cultura occidental de la eficiencia y del beneficio apuesta por la especialización renegando del entendimiento y del conocimiento general, de los valores y de la crítica constructiva. No le interesan ni la verdad, ni la ética  ni la belleza, solamente una sociedad servil y productiva. Bien es cierto que la Ciencia nos ha traído enormes beneficios tanto para la salud, la tecnología, el conocimiento y en infinidad de campos adicionales. Sin embargo, cuanto más nos sumimos en las bondades del mundo exterior, menos sentido adquiere nuestra existencia, más superficiales se tornan nuestras vidas y más sufrimiento padece nuestra alma.

Una vez dicho esto, sin grandes pretensiones , y desde mi humilde experiencia personal, conocimiento adquirido e incluso científico, la realidad es que existen ciertas practicas y actitudes fácilmente realizables de forma autodidacta  que facilitan una armonía en el día a día. Solo se necesita un poco de voluntad y perseverancia.

Cuídate

Mens sana in corpore sano. – Décimo Junio Juvenal

En la era de la celeridad, de los espacios virtuales interconectados y del entretenimiento masivo, reservarse un tiempo para el cuidado y la atención a uno mismo es cada vez más inusual. El deporte, la buena alimentación e incluso el descanso debieran ser uno de los pilares fundamentales de cualquier sociedad cabal y sensata. La buena salud de la ciudadanía en general es enormemente beneficiosa para todas las partes que conforman y preservan un estado-nación. Intensifica el buen humor de las personas aumentando su productividad, y por ende, los beneficios empresariales. Reduce el gasto social en tratar enfermedades relacionadas con el estrés, el sobrepeso, dolencias musculo-esqueléticas y derivadas de las drogas legalmente aceptadas como el alcohol y el tabaco. Incluso favorece la estabilidad de las Pymes al acotar las bajas laborales. Lamentablemente, poderosas industrias ajenas al  bienestar general, como la farmacéutica, de la alimentación  o el mismo fitness se nutren de esta desidia generalizada.

El deporte es esencial. No es necesario ir al gimnasio, ahora con Youtube puedes hacer todo tipo de ejercicios guiados por profesionales de forma gratuita en casa, en el parque, andar o correr. No se trata de ponerte cachas, sino simplemente de mantener el organismo tonificado y activo. El cuerpo humano tiene memoria, un vez acostumbrado, será más difícil perder la forma y más fácil volver a ella. Aparte, generas dopamina, la hormona de la “felicidad“. Liberas el estrés cotidiano y, al mismo tiempo, te escapas del ciclo vicioso de las emociones perniciosas recurrentes.

Cuídate, come sano y con sentido común  y descansa, tanto físicamente como mentalmente, con meditación e introspección. Es un acto de pura dignidad contigo mismo, quiérete y cuídate a ti mismo.

Rodéate de buenas compañías

Prefiero unos pocos allegados a las malas compañías; pero deben saber ir y venir oportunamente. – Friedrich Nietzsche

El ser humano es un animal social. La necesidad inherente de interacción con nuestros semejantes es un comportamiento a nativitate heredado genéricamente de nuestros antecesores cómo mecanismo de supervivencia. La capacidad de negociación, de adquirir compromisos y de ayuda mutua  favoreció la preservación y expansión de la especie así como transformó las relaciones sociales desde simples intercambios de mercancías -trueque- entre individuos hacia los mercados globales que disfrutamos hoy en día. Relacionarse con las personas adecuadas es fundamental para el bienestar tanto físico como mental y emocional.

En este sentido, la calidad es mejor que la cantidad. Rodearse de personas afines y evitar la gente tóxica –vampiros emocionales– debiera ser uno principio fundamental para cualquier individuo, aun a riesgo de restringir la actividad social. Parece evidente, pero en la práctica no lo es tanto. No es tarea sencilla desvincularse de allegados –temporal o permanentemente-   o mantener un círculo reducido debido a que, en la mayoría de las ocasiones, somos demasiado permeables respecto a las opiniones ajenas. La asertividad ni se promueve ni es bien vista.

La mayoría de estos chupopteros energéticos sufren de traumas emocionales y miedos infundados, lo que les impide desarrollar plenamente su empatía. Se comportan de manera egoísta respecto a su interlocutor vaciando sobre él toda su negatividad acumulada ocasionándole así malestar y desazón. Los perfiles compulsivos vampíricos, a grandes rasgos, podrían categorizarse entre:

  1. Criticones
  2. Pesimistas
  3. Catastrofistas
  4. Victimistas
  5. Agresivos
  6. Sarcásticos
  7. Pusilánimes

Muchos de ellos no se dan cuenta, su pesadumbre se lo impide. Se trata de un mecanismo de defensa que han ido fomentando y fusionando con su personalidad; no obstante, muchos otros son plenamente conscientes del daño que ocasionan. Simplemente les agrada la sensación de superioridad y el sufrimiento ajeno. Y debido a ello, es mejor alejarse, aunque sea temporalmente, en el caso de no dar su brazo a torcer. No se puede auxiliar a una persona que no quiere ser ayudada.

Rodearse de personas mentalmente sanas y equilibradas es vital para la armonía emocional y, por ende, par el desarrollo personal. Ya bastante carga soporta cada individuo consigo mismo como para tener que lidiar con la inseguridades de los demás. La composición  de nuestro  círculo cercano es un espejo del estado en el que nos encontramos en ese preciso momento. Busca la estabilidad y la armonía en los demás como efecto de atracción y semejanza, conéctate a tu esencia con  la ayuda de la naturaleza y rodéate de animales siempre que sea posible en tu vida, son seres puros y nobles, su amor es incondicional.

Busca tu  propósito

Un buda pensante

Encontrar nuestro propósito en la vida y fundamentar  nuestras acciones y esfuerzos cotidianos en ello nos ayudará a darle ese valor y ese sentido que, por desgracia, la mayoría de las veces nunca llegamos a descubrir. Este artículo completísimo sobre la filosofía Ikigai proporciona ciertas pautas sobre cómo  poder llegar a él.

Compite contigo mismo, coopera y no te compares

Yo no pienso competir contigo. Yo hago lo mío mejor que tú. Y tú haces lo tuyo mejor que yo. – Stieg Larsson

En las sociedades actuales donde la eficiencia y la productividad son la base  de la estabilidad y de la supervivencia del statu quo, la cooperación se restringe en favor de la competición.

Desde la educación primaria se fomenta la comparación constante entre individuos como método de evaluación de una persona joven en relación a su valía y desempeño dentro del sistema establecido. Sin embargo, las hipótesis sobre las que se sustentan las metodologías educativas son falsas, ni todos pensamos igual, ni todos aprendemos igual ni todos poseemos las mismas cualidades y habilidades innatas.  De manera que, desde la tierna infancia, cualquier ser humano que difiera mínimamente de lo que se considera normal, será marcado emocionalmente. Seguramente acabará frustrado por una incomprensión manifiesta y probablemente desarrollará complejos y traumas que le acompañaran de por vida.

Todos somos distintos tanto físicamente como mentalmente. Todos gozamos de cualidades innatas que nos hacen destacar en ciertas actividades y fallar en otras. ¿Qué sentido tiene compararse contra algo que es distinto por naturaleza? Fuente inagotable de desdicha y desilusión. Si en lugar de confrontarnos  con lo exterior al intentar convertirnos en algo que nunca seremos, nos centráramos en mejorarnos y en superarnos a nosotros mismos, en potenciar nuestras virtudes  e intentar mejorar nuestros defectos,  nos sentiríamos plenos y a gusto, con la sensación del trabajo bien hecho, independientemente del resultado final. Por lo tanto, compitamos contra nosotros mismos, cooperemos con los demás sin caer en la trampa de la comparación constante.

Responsabilízate

Cuando creamos en nuestra mente paz, armonía y equilibrio, eso es lo que encontramos en la vida. – Louise Hay

Existen dos maneras de actuar ante las eventualidades de la vida: lamerse las heridas o aceptarlas  tal como vienen y actuar en consecuencia. Demasiadas personas se evaden de su responsabilidad proyectando la culpabilidad hacia el exterior. Nada negativo de lo que les sucede es culpa suya, lo achacan a un entorno opresivo y hostil o a la simple mala suerte. La victimización continuada es una lacra tanto para el propio individuo como para el resto de la sociedad. Se les llena la boca reclamando todos los derechos habidos y por haber al verse presionados, sin embargo, nada dicen de sus responsabilidades adquiridas como ciudadanos así como de las que emanan de sus actos. Sin responsabilidades no hay derechos.

Somos plenamente responsables de lo que nos sucede alrededor nuestro. Los pensamientos avalados derivan en decisiones que tomamos minuto a minuto, las cuales se transmutan en acciones que afectan tanto a nosotros mismo como al entorno que nos rodea. Obviamente, existen excepciones, no se decide la clase social de nacimiento o un rayo no te cae encima porque no hayas hecho tu trabajo correctamente. Simplemente hay cosas que no se pueden controlar, pero otras muchas sí.

Sin embargo, toda acción comporta su reacción correspondiente, todo acto conlleva su efecto pertinente. Se trata de la Ley de la Atracción o la Ley de la Causalidad, nuestros actos atraen, una vez tras otra, situaciones análogas –inputs– como en un círculo vicioso hasta que nuestro propio comportamiento –outputs– sea capaz de rectificarse a fin de resolver la problemática de forma adecuada, para así progresar como individuos y, por ende, como colectivo humano.

La sociedad contemporánea está engendrando demasiados  victimistas y  pusilánimes compulsivos a los que se les permite bramar y holgazanear  a su voluntad por intereses diversos. Un mundo infantilizado incapaz de soportar la dura realidad para actuar y reaccionar acorde a ella a fin de intentar cambiarla. Una generación llena de “blandengues” como día Clint Eastwood:

Secretamente, todo el mundo se está hartando de la corrección política, del peloteo. Estamos en una generación de blandengues; todos se la cogen con papel de fumar.

Cuando una persona se responsabiliza de su vida, adquiere un compromiso consigo mismo y con los demás por extensión, al mismo tiempo que se torna más resiliente al comprender que cualquier eventualidad es resoluble solamente mediante  su  propia capacidad y voluntad. Los seres humanos somos los que construimos nuestro propio destino dentro de una infinidad de ellos únicamente con fe en nosotros mismos, perseverancia y amor.

Acéptate a ti mismo

Quien vive en armonía no teme la soledad. – Doménico Cieri Estrada

La felicidad es una actitud consciente, una conquista personal, se trata de una cualidad inherente a todos ser viviente, y como tal, debe de ser cultivada a base de esfuerzo diario, hasta adueñarnos de ella. Para ello, el ser humano ha de concienciarse  en la práctica de la reflexión interior profunda, de la meditación constante equiparándola, con la misma transcendencia, al entrenamiento físico y la autogestión emocional. Esa introspección ofrece al que la practica dos prerrequisitos fundamentales para su trayecto hacia la felicidad.

En primer lugar, el reconocimiento de la propia singularidad de la persona, tanto de las aptitudes como de las habilidades innatas a fin de discernir cuál es su motivación personal; de identificar la fuerza impulsora de su Voluntad, el deseo que desata la pasión que dota de sentido a la vida. La energía motriz que embelesa al individuo para crear y perseverar  tanto para su realización personal como para su implicación para con el resto del mundo. Aspectos externos como el conocimiento, el propio trabajo, la relaciones sociales o la aficiones inclusive.

Asimismo, el segundo es quizás más significativo, agotador e íntimo, y requiere de un trabajo previo de humildad y valentía. Se trata de la aceptación de nuestra naturaleza intrínseca, de nuestro Yo Verdadero, tanto de los defectos como de las virtudes, un proceso de resignación a lo que realmente somos, reemplazando a lo que nos gustaría ser. Toda persona convive consigo misma hasta su último aliento, depende solamente de ella que esa simbiosis eterna se asemeje a una unión maravillosa, o por el contrario, a una prisión dantesca.

Sonríe y agradece

Cuando uno nace sólo sabe llorar. Sólo gradualmente se aprende a sonreír.- Halldór Laxness

Y por último, simple y llanamente, sonríe. Da igual el vacío interior que sientas en tus carnes, lo cansado que estés o la mala racha que lleves acumulada, intenta siempre sonreír. Hazlo principalmente por ti y por los tuyos. Está científicamente comprobado que el celebro, si sonríes automáticamente, generará nuevos estímulos que resultaran más satisfactorios y placenteros, entrando en un círculo virtuoso.

Me he preguntado infinidad de veces cómo era posible que personas que han sufrido tanto en la vida, hambrunas descorazonadoras, pobreza extrema, guerras horribles y, además, haberse visto perseguidos como perros sarnosos por sus mismos congéneres, como mis abuelos, fueran capaces de sonreír día tras día, transmitir dulzura, comprensión y alegría, y seguir teniendo fe en la vida. Todo es cuestión de actitud.

Lo que se irradia al exterior viene devuelto en igual proporción desde afuera. No somos plenamente conscientes lo distinto que es abordar una situación con una sonrisa o, por el contrario, con una mala cara. Las personas con las que interactuamos diariamente podrían reaccionar de forma diametralmente opuesta dependiendo de cómo  interpreten nuestras intenciones. Una sonrisa puede cambiarlo todo. Una actitud positiva trae enormes beneficios tanto en lo personal como en lo colectivo, siendo el estado de ánimo extremadamente contagioso, se propaga como un virus cuyas secuelas, al final, retornarán hacia nosotros. Sonríe y el mundo sonreirá contigo.

Sonríe y agradece todo lo positivo que te suceda. Encontrar un instante al día para gratificar lo que uno tiene o hace nos permite hacer un ejercicio de auto-reconocimiento de los aspectos positivos que nos rodean, para así poder valorarlos y tenerlos presentes, al mismo tiempo que ayuda a aumentar la percepción sobre la importancia de las acciones beneficiosas que acometemos.